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Al escultor Jaume Plensa le ha tocado la muerte de Antoni Tàpies en lo más profundo. No sólo ha muerto al que define como «símbolo», también un amigo, un confidente, alguien que le ayudó desde su juventud. Tàpies le llamó a finales de diciembre. Quería verle. Así fue, como otras tantas veces; habló con él, debatió y llegó la despedida: «Si no nos vemos más, que tengas buena suerte». La frase recorría anoche a Plensa porque ese día había vuelto a ver al Tàpies vitalista, al que siguió pintando hasta el pasado año, aunque con las dificultades propias de quien tiene mermada la visión con 88 años. Y ponía un ejemplo: «Le regalé mi último catálogo, el del Yorkshire Sculpture Park y se lo dediqué: “Al amigo y maestro Antoni”. Y rápidamente saltó: “Teresa, mira qué catálogo le hacen al Plensa, a mí no me los hacen tan buenos. Me encantó esa lucha fantástica, ¡a los 88 años!, por conseguir el mejor catálogo, la mejor exposición, siempre lo mejor...».
A Plensa, esa despedida («si no nos vemos más, que tengas buena suerte») le dejó «hecho polvo». Ayer recordaba cuánto le ayudó en su juventud. «Era un hombre muy generoso. Me daba energía para trabajar. Hace muchísimos años me dijo que no me preocupase por donde iba o no a exponer porque “es mejor ser cabeza de rata que cola de león”, así me lo dijo, contundente. Esa frase ha seguido siendo, y lo es hoy, mi lema, durante toda mi vida».
El escultor recordaba ayer su «enorme profundidad intelectual», porque con él «se ha acabado una época». «La muerte de Chillida me dejó desubicado, pero la de Antoni es dramática porque tenía algo que ya no existe: era un humanista, con todo su significado. Pensaba, escribía y pintaba. Y todo lo hacía bien, con profundidad, algo que en estos tiempos parece haber desaparecido. Era un hombre poético maravilloso».



