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«Comía solo un yogur y una fruta al día»

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La Scala despide a una solista que denunció algunos horrores de la danza

Día 06/02/2012

«Una de cada cinco bailarinas sufre de trastornos alimentarios, anorexia y bulimia, y por eso hoy no pueden tener hijos». Esta dramática denuncia de Mariafrancesca Garritano, 33 años, bailarina solista en la Scala de Milán, le ha costado su expulsión de ese templo de la música. A él había llegado para realizar su sueño cuando tenía 16 años. Su carrera está llena de éxitos y de premios internacionales. Con rabia y dolor, Garritano contó su experiencia y denunció la corrupción y las malas artes del mundo de la danza en su libro «La verdad, os ruego, sobre la danza», y después en una entrevista a un diario británico.

La bailarina describe un escenario que recuerda a la película «El cisne negro», que protagonizó Natalie Portman. La competición en la vida de las bailarinas no es solo para ver cuál es la mejor en el escenario, sino también quién come menos. Las consecuencias son dramáticas: «Siete de cada diez bailarinas —ha dicho Garritano— no tienen menstruación a causa de las dietas punitivas a las que se someten. La verdad es que los padres piensan que dejan a sus hijas en buenas manos, pero en realidad para ellas comienza una relación casi religiosa con el espejo, el instructor y el público». Y muchas de sus colegas, añade, «eran trasladadas al hospital para ser alimentadas artificialmente. Nadie imagina —añade Garritano— que puedan existir historias de corrupción, de amenazas y de compromisos para mantener el propio puesto sobre el escenario».

Garritano describe un escenario de horrores y tortura, también en su caso personal: «Yo salía adelante con una fruta y un yogur al día, confiando en la adrenalina para llegar al final de las pruebas. Cuando era adolescente, en los entrenamientos mi profesor de baile me llamaba mozzarella o buñuelito chinodelante de todos. Reduje mi alimentación hasta el extremo de que mi menstruación se interrumpió durante un año y medio cuando tenía 16 y 17 años y adelgacé hasta pesar 43 kilos».

Mariafrancesca ha sido una voz fuera del coro, demostrando que en el mundo del ballet no es oro todo lo que reluce. Por eso, se la han quitando de en medio en la Scala, uno de los teatros más antiguos y prestigiosos del mundo. Lo han hecho con un lacónico comunicado: «Era una decisión necesaria tras sus declaraciones públicas, en las que ha concretado un daño a la imagen del teatro y a su escuela de baile, además de violar los deberes fundamentales que ligan a un dependiente con su empleador, por lo que se ha roto la relación de confianza».

Liliana Cosi, exprimera bailarina de la Scala, ha apoyado a su compañera: «Todas las bailarinas hemos tenido problemas alimentarios. Me sentía culpable cada vez que comía un panecillo. Si eres bailarina clásica, los compañeros te quieren ver siempre más delgada». Por último, Liliana Cosi denuncia que los parámetros son cada vez más exigentes: «En el Bolshoi piden que una bailarina de 1,60 de altura pese 37 kilos, mientras que en mis tiempos eran 47».

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