Arte

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Muere Antoni Tàpies, la materia hecha arte

El artista catalán falleció ayer en su domicilio de Barcelona a los 88 años. Renovador fundamental del arte español, era el último gran representante de la vanguardia pictórica y escultórica

Día 07/02/2012 - 11.05h
YOLANDA CARDO

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La enfermedad del cuerpo y La Montaña Mágica, de Thomas Mann, en el sanatorio de Puig d’Olena, el mismo al que llegó el joven Antoni Tàpies poco después de la muerte, 1942, del sutil poeta Marius Torres, que con su personalidad había inundado los ámbitos y ambiente del lugar y que siempre amó ambos extremos de la vida, las raíces y la cumbre infinita, al igual que el árbol sumergido en la tierra y penetrando, respirando y unido al cielo con, además, la múltiple función de la madera para hacer cómoda la vida y su alianza con el fuego para consumirse a sí mismo.

Ese ambiente pudo dar a la obra del futuro artista matérico aquel fuerte regusto de apego y alejamiento de todo lo que es inmediato y que, si en lo esencial coincidía con lo narrado por el novelista alemán, en lo material era muy diferente porque en el sanatorio había encontrado la contradicción entre lo que se desea y lo que se encuentra.

El surrealismo, la admisión de que es lo interno y no lo externo lo que nos constituye, pero no porque la subjetividad nazca de sí misma sino porque es la realidad del mundo que la constituye y es nuestra persona que elabora los contenidos proporcionados por la realidad aparentemente mundana, que no lo es porque lo simple e inmediato es lo único a que nos podemos asir.

Viajar el mundo y el descubrimiento de las materias como el medio de expresión más directo de la subjetividad. La brutalidad gestual a partir de los años 1954-55. El asentamiento simbólico y la preocupación científica acerca del mundo, con retorno a los sentimientos y vivencias directos.

El poder de la familia y los afectos directos que derivan hacia los de la «patria catalana ultrajada y no respetada».

Las experiencias y los experimentos con las materias y los procedimientos para utilizarlas de la forma más efectiva para que muestre (más que represente) lo que se siente y lo que se piensa.

Muere Antoni Tàpies, la materia hecha arte
ABC
«M» (1960)

El gran mérito de Tàpies es haber sabido, presentido sensiblemente, cuándo una obra matérica está acabada; así supera aquel problema planteado por Balzac en Un chef d’oeuvre inconnu, cuyo autor, por querer desarrollar la obra total, aquella que contiene el múltiple e indefinido enjambre envolvente de los sentimientos, querencias y necesidades vitales y espirituales de cada vida particular, no sabía, no conseguía nunca llegar a la pincelada definitoria, envolvente y oclusiva de su obra. Tàpies no se halla en esta situación de indefinición sino que sabe y es consciente de que la realidad se muestra por etapas y sucesivamente, y que cada momento tiene su realidad particular y su afán, lo que motiva que cada obra, a pesar de haber sido hechas todas ellas con los mismos o similares materiales, tienen como resultado que cada una es definitiva y única, exclusivamente expresiva y representativa porque en cada cuadro, en cada objeto elaborado ha intervenido su gestualidad particularizada, retenida para aquel momento concreto de su sensibilidad y necesidad expresiva.

Los premios nacionales e internacionales, las menciones honoríficas y las medallas pueden adornar socialmente su obra plástica, pero esta obra misma funciona sola en los espacios públicos y en los museos y da satisfacción a infinidad de personas a las que su sucesiva aparición colmó sus ansias filosóficas, políticas e incluso poéticas.

Los grandes formatos, las mejores de entre sus obras, figurarán en nuestro horizonte plástico como declaración de intenciones que aceptarán otras tantas adscripciones pero lo que sí queda seguro y confirmado es que Tàpies con sus graffiti, sus materias y sus pseudo símbolos atrapa a quien percibe las obras.

Muere Antoni Tàpies, la materia hecha arte
ENRIC TORMO
Tàpies, en 1949

Él creía que el arte sanaba; seguramente esto no es verdad, pero sí que ciertas obras de arte ayudan a soportar las circunstancias y sirven para andar con paz y sosiego por el mundo actual nuestro. Del que Tàpies es uno de sus más profundos debeladores y que sintió en sus entrañas ya desde su juventud.

Casi se podría decir que su primera obra coincide con la última y que lo de Dau al Set no fue más que una aventura; como lo fue también para cada uno de sus componentes, entonces amigos íntimos y con el tiempo contrincantes acérrimos. Esto es la vida y así se traza la historia real.

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