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El ATC se construirá a unos tres kilómetros del núcleo urbano de Villar de Cañas. Tendrá una extensión aproximada de 13 hectáreas que servirán para almacenar en seco tanto el combustible gastado como los residuos de alta actividad vitrificados mediante un seguro complejo de bóvedas y almacenes de hormigón reforzado.
A la puesta en marcha del propio silo hay que sumar la construcción tanto del Centro Tecnológico como el parque empresarial que irán estrechamente ligados y que convertirán a Villar de Cañas en uno de los centros mundiales de investigación en materia nuclear.
La seguridad, según todos los informes llevados a cabo por profesionales en energía nuclear es máxima. El proceso se inicia cuando los camiones articulados, con cuarenta ruedas y especialmente preparados para soportar las 25 toneladas de peso de cada uno de los contenedores entran por las puertas del ATC en Villar de Cañas.
En la entrada se colocará un puente grúa encargado de quitar los limitadores de impacto en el camión y dejar en posición vertical el propio contenedor.
Acto seguido la carga entra en la segunda fase, momento en el que la carga es colocada en un carro de transferencia en el que se le retirará la cubierta del contenedor.
Inmediatamente después, unas máquinas extraerán los tubos de energía gastada para depositarlos en una cápsula de almacenamiento que será posteriormente sellada con una fuerte soldadura de la cubierta.
Acto seguido, estas cápsulas son transportadas a unos módulos formados por un entramado de aproximadamente 240 tubos que anclarán los contenedores de residuos a las bóvedas de hormigón.
Por último, se cierra el compartimento con los propios muros de hormigón, lo que deja totalmente aislado todos los residuos y convierte en nulo el menor atisbo de problema para la salud pública de los vecinos de las localidades cercanas.
De esta forma, gracias a la decisión adoptada por el Gobierno de España en colaboración y consenso con el de Castilla-La Mancha, convierte a la localidad conquense de Villar de Cañas en un punto de referencia para todo el país, frena el éxodo económico a Francia para trasladar nuestros residuos nucleares y, sobre todo, como aseguró el portavoz del Gobierno de Cospedal, Leandro Esteban, «no sólo es una gran alegría para Villar de Cañas, sino para Cuenca y para Castilla-La Mancha en general».
En definitiva, un revulsivo económico para una localidad que verá cómo se multiplica su población, evita que el municipio tenga que vivir y desarrollarse casi exclusivamente de la agricultura, ponga en marcha 1.000 puestos de trabajo, reciba 750 millones de euros de inversión, el ayuntamiento disponga de un incremento presupuestario de 2,4 millones de euros anuales durante sesenta años y el pueblo, independientemente de la críticas socialistas, tenga motivos para estar satisfecho por haber encontrado su sitio en el mapa de España con lo que ello supone de regeneración vital.




