En las calles de Addis Ababa, capital de Etiopía, un pequeño edificio de oficinas gravita en lucha contra la indiferencia. ¿Su cartel de señalización? Apenas visible. Eso sí, su voz resuena en todo el país. «Desde que fuera emitida la ley antiterrorista, en Etiopía, está prohibido publicar cualquier tipo de noticias sobre los grupos rebeldes que operan en el Estado [caso del Frente de Liberación Oromo o el Frente para la Liberación Nacional de Ogaden]», reconoce a ABC Muluneh Ayalew, quien desde esta pequeña oficina, y junto a doce compañeros, edita el semanario «Feteh», el único independiente de todo la región. Un adalid de la pluma en tiempos de espada: la pasada semana, el Gobierno etíope condenó a tres periodistas a penas entre los 14 años y cadena perpetua por ofrecer cobertura a informaciones relativas a grupos de la oposición y terroristas.
«Conocemos las consecuencias, pero no cejamos en nuestra lucha. Es necesario disponer de un espacio para expresar sus sentimientos, sobre todo del Gobierno», señala Ayalew. El joven reportero (28) sabe de lo que habla. Entre los condenados la semana pasada se encuentra una de sus colaboradoras, la periodista Reeyot Alemu. En el juicio, la Fiscalía presentó como pruebas, tan solo, correos electrónicos y llamadas telefónicas entre los periodistas, así como más de 25 artículos sobre las actividades de grupos de la oposición.
«Pagan a gente que trabaja con nosotros para que espíe. Es complicado confiar en la gente. Sabemos que nos pueden matar o meter en la cárcel, pero estamos dispuestos a asumir el precio», asevera Ayalew, cuyo semanario cuenta con una tirada cercana a los 25.000 ejemplares, financiada únicamente mediante donaciones privadas.
«Sabemos que nos pueden matar o encarcelar. Estamos dispuestos a asumir el precio»
«Aterrorizar al pueblo»
Su opinión no es menor. En 2007, Kifle fue condenado a cadena perpetua (sentencia reafirmada la pasada semana en una nueva causa terrorista) por su cobertura de la represión brutal del Gobierno tras las elecciones de 2005. «La farsa de mi juicio es parte de la campaña Zenawi para acabar con cualquier voz de protesta en Etiopía. Se trata de aterrorizar al pueblo», asegura desde su exilio en Washington (EE.UU.).
Una represión que no se limita a los periodistas locales. El pasado diciembre, dos reporteros suecos fueron condenados a 11 años de cárcel, por entrar ilegalmente al país y apoyar el terrorismo. Los jóvenes -Martin Schibbye y Johan Persson-, sin embargo, aducen que tan solo ejercían su labor de informadores.
«El espíritu de nuestra generación descansa sobre nosotros y debemos asumir esta responsabilidad», reconoce Haile Meskel, quien trabaja desde hace años en el semanario Feteh. «Es nuestro derecho y por él seguiremos luchando», añade.
Mientras, en las calles de Addis Ababa, la pluma continúa su lucha diaria contra la espada.







