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Una joya escultórica perdida en el olvido

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En Chamberí se encuentra la fuente de Lozoya, que, según sus vecinos, en 118 años ha funcionado un sólo día

Día 04/02/2012

José Luis Sánchez lleva viviendo en el número 53 de la calle Bravo Murillo toda la vida. No le cabe en la cabeza que en su más de medio siglo de vida sus ojos hayan visto sólo una vez funcionar la fuente de Lozoya que se ubica a unos pasos de su portal. Y de eso ya hace once años, cuando se restauró con motivo del 150 aniversario del Canal de Isabel II, en el año 2001.

«La limpiaron, le pusieron flores. ¡Estaba preciosa! Empezó a echar agua, pero al día siguiente se volvió a cerrar el grifo porque se salía el agua por las juntas. La calle estaba empapada». Y desde entonces, lo único que ha acumulado el pilón de esta fuente ornamental ha sido suciedad y hojas. «Con lo bonita que es y encima está vallada. No la podemos disfrutar», opina otra vecina de este bloque.

Lo cierto es que la gente pasa por su lado —Bravo Murillo 49-51— sin apenas mirarla. «No sé ni cómo se llama», reconoce un transeúnte. «Es preciosa, la verdad, pero no sé de qué es ni conozco su historia», revela otra mujer. Ni siquiera las guías turísticas de Madrid le dedican una mención a esta obra de ladrillo, granito y mármol del ingeniero Juan de Ribera Piferrer. Algunos se atreven a compararla, salvando las distancias, con la Fontana di Trevi.

Según ha podido saber este diario, la fuente de Lozoya, propiedad del Canal de Isabel II, está en desuso porque «provoca humedades en las dependencias que tiene detrás» —el Archivo Central del Canal— y , al parecer, se desconoce dónde están las tuberías para solucionar el problema.

Su dueña, la entidad pública, asegura que no se tiene conocimiento de este hecho ni aporta más razones de por qué su fuente no emana agua. De hecho no dan importancia a que se prive a los ciudadanos de su disfrute. Sin embargo, los madrileños que la tienen cerca lamentan el menosprecio hacia esta joya. «Quizás ahora no es el momento de arreglarla por la crisis, pero han tenido tiempo», opina otra residente del número 53 de Bravo Murillo.

Filtraciones, el problema

Las filtraciones fueron el motivo que llevó a clausurarla en 1894. El depósito se llenó por primera vez en 1858 con la inauguración de la llegada de las aguas del Lozoya, que contó, al parecer, con la presencia de la reina Isabel II.

Su escultura principal fue obra de Sabino de Medina (1814-1879), que, por entonces, ostentaba el puesto de Escultor de la Villa. Según explican los expertos se trata de una alegoría del río Lozoya, personificado en un esbelto joven, que pisa con uno de sus pies una vasija, asentada sobre un conjunto de rocas, que dan forma a una cascada.

Cada uno de los dos cuerpos laterales está formado por dos cavidades, una cuadrangular, donde se aloja un escudo, y otra rectangular, con un grupo escultórico. El situado en el lado meridional es una alegoría de la agricultura, obra de Andrés Rodríguez, mientras que, en el flanco septentrional, se levanta la industria, realizada por José Pagnucci. En el caño principal figura inscrita la palabra «Lozoya», pero de ahí lo único que brota ya es el olvido.

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