Dos atracadores hieren a las empleadas de una joyería de Coslada y desvalijan gran parte de la cámara acorazada
«¿Son ustedes de la Udyco?». David González ya conoce hasta los nombres de las unidades policiales de investigación. No es para menos. Es el cuarto robo de grandes consecuencias que sufre. La pregunta se la hace a dos agentes de la comisaría de Coslada que acaban de entrar en su negocio, una de las dos joyerías familiares y la última en sufrir la acción de los delincuentes. En la trastienda del local, sus cuñadas Ania y Patricia apuran unas tazas de tila. Ambas lucen vendajes en sus brazos. Son las marcas de las heridas por arma blanca que acaban de infligirles los dos atracadores que han dejado medio vacías la cámara acorazada de la joyería. Lo importante, pese a que el volumen del botín es muy importante (aunque ayer aún no estaba cuantificado), es que lo han podido contar.
A las diez y cuarto de la mañana, las dos cuñadas acababan de abrir y estaban todavía sacando el género a los expositores. «De repente, han entrado dos individuos, a cara descubierta, con grandes cuchillos en las manos y gritando “¡Esto es un atraco!”», nos explica David mientras apura, aún nervioso, el enésimo cigarrillo de la mañana. «Mis cuñadas han forcejeado con ellos. A Patricia le han hecho un corte en el brazo y ha conseguido escapar de la joyería, pidiendo ayuda», añade.
Una camarera del bar vecino vio escapar a los dos sujetos en un Seat León rojo, hacia Madrid. La Policía les persiguió, pero consiguieron zafarse a la altura del Hospital Doce de Octubre, en dirección a Toledo.
Antes, desvalijaron la cámara acorazada en apenas cinco minutos. Mientras que Patricia pedía auxilio, Ania forcejeaba con los ladrones, que le causaron cortes en los dedos de las manos, lo que se conoce como heridas de defensa. La mujer, al ver la sangre de las heridas y muerta de miedo, se metió en el cuarto de baño del establecimiento, para tratarse las lesiones. Ese momento fue el que aprovecharon los dos cacos, de apariencia magrebí y tez morena, para hacerse con su botín.
Ya en 2007, esta familia de joyeros se llevó un susto casi de muerte. El 24 de octubre, poco antes del mediodía, una banda de argentinos asaltaba el establecimiento a punta de pistola. Echaron el cierre con cuatro empleados dentro, incluidos David y sus dos cuñadas. Los ataron y amordazaron Permanecieron secuestrados en la tienda por espacio de 45 minutos. Y la banda se llevó un millón de euros en joyas. Parte del clan criminal fue detenido después.
«Demasiado hace la Policía —explica David González—. Lo que hay que hacer es endurecer las leyes. Los joyeros estamos muy expuestos. Se te quitan las ganas de seguir con el negocio, pero es lo que sabemos hacer mis padres, mis hermanos, nuestras esposas, cuñadas... Todo esto nos va machacando psicológica y económicamente. Pero es nuestro modo de vida, lo que hemos mamado».
Este no fue el único asalto importante de ayer en Madrid. De madrugada, una tienda especializada en motocicletas sufrió un aparatoso alunizaje. En total, los delincuentes se llevaron enseres valorados en 12.000 euros, según la propiedad, sin contar los desperfectos ocasionados.
Reunión ministerial
El asalto fue a las 00.20, en el número 37 de la calle de la Constancia (Chamartín). Según los testigos, tres individuos empotraron un Audi A6. Tras tomar cazadoras, cascos y tres motos pequeñas de niños, huyeron.
Por otra parte, fuentes consultadas por ABC adelantaron que está prevista una reunión de la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, con el Gremio de Joyeros de Madrid, uno de los sectores más victimizados por la criminalidad organizada en comercios. El encuentro será el próximo 15 de febrero en la sede del organismo gubernamental, en la calle de Miguel Ángel.
Además, al día siguiente, está previsto que el secretario de Estado de Justicia, Fernando Román, reciba a la cúpula del gremio profesional. Sobre la mesa estará la reivindicación de los joyeros de una modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, para que los delincuentes reincidentes ingresen en prisión provisional.



