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La penúltima polémica de sus señorías excelentísimas, representantes de los municipios de la provincia de León en la Diputación ha venido a cuenta de una serie de apelativos que lanzó en sesión plenaria Matías Llorente. En unas sesiones, siempre caldeadas y fagocitadas por el navajeo verbal, a falta de intervenciones con discurso ortodoxo, en esta ocasión las denuncias y contradenuncias de gastos de la presidenta o de su grupo a cargo de partidas públicas, cuestión ésta aclarada y manida en la prensa local, el exabrupto del veterano diputado socialista sobre tratamientos de belleza de Isabel Carrasco queda fuera de toda defensa.
En León, y más concretamente en la Diputación Provincial, tenemos los políticos que nos merecemos, aunque no los votemos, porque, recordemos aquí, los miembros del plenario son elegidos en listas cerradas en sus respectivos municipios y, a su vez, son de nuevo tocados con el dedo de la partitocracia para ascender un peldaño más del pueblín a la capital. No en vano la sede de la máxima institución leonesa tiene por cuartel general el famoso Palacio de los Guzmanes. Sí, aquellos que también participaron, pero tibiamente, en la revuelta de los señores feudales comuneros. Eso es saber nadar y guardar la ropa (la testa).
De veras que necesitamos políticos con más formación académica superior, menos personalismos y más decididos a renunciar a sus cotos de poder y poner sus neuronas a trabajar en pro de los demás, los que les pagamos. Podemos cargar las tintas contra Matías Llorente, un agricultor listo como el hambre que comenzó con otros históricos a poner cara y fuerza a un sindicalismo agrario prácticamente desde la Transición. Arribista aventajado del Partido Socialista Leonés desde los tiempos de Mari Castaña y un viejo conocido del lugar.
No decimos nada nuevo de Llorente que lleva anclado en la década del socialfelipismo y guerrismo con buen sueldo a fin de mes en pro de sus camaradas los agricultores y ganaderos que casi ni conoce, ni ve. Algo así como el sindicalista Villa de Soma-UGT en Asturias. Jamás la vieron tan gorda. Poderes fácticos con un entramado de padre muy señor mío. Pero es que enfrente, sabemos que la nueva Juana de Arco, Agustina de Aragón, María Pita y demás guerreras de la historia se quedan cortas con la leonesa. Isabel, hablemos. Así no.
Por cierto, en el diccionario de sinónimos de la Real Academia de la Lengua, felpudo también es velludo, aterciopelado…




