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Le funcionaron a Moncloa los globos sonda que día a día fue enviando a los despachos de los banqueros. Quizá por eso ayer no hubo grandes sorpresas al conocer la reforma financiera del Ejecutivo. «Vamos a cumplir con las nuevas exigencias», se escuchó en la mayoría de las entidades financieras del país que, aunque llevaban semanas negándolo, parecían conocer ya los planes de Luis de Guindos.
Como había avisado desde las páginas del «Financial Times» hace un mes, y como había adelantado este diario, el ministro de Economía anunció ayer que bancos y cajas deben elevar en 50.000 millones de euros las provisiones para cubrir sus activos inmobiliarios. «Los bancos españoles están en disposición de cumplir con los nuevos requerimientos del Gobierno, al que, por otra parte, ofrecen su plena y leal colaboración en la consecución de estos objetivos». Así resumió ayer un portavoz de la patronal bancaria, la AEB, el estado de ánimo del sector, que cree que esta medida «es de la máxima prioridad y transcendencia para la recuperación de la economía española». La CECA insistió en la misma línea y asegura que las cajas se comprometen a colaborar de forma «activa y leal con la reforma».
Las dos grandes entidades del país, Santander y BBVA, anunciaron ya antes de conocerse la reforma que cumplirán con las exigencias en un solo año. Ayer, tras conocerse todos los detalles, otras entidades lanzaron igual mensaje. «La entidad va a cumplir este año las provisiones establecidas», dijo un portavoz de BMN. De hecho, no pocos bancos y cajas han empezado a realizar ya esas dotaciones. Bankia se comprometió también a hacerlo «dentro de los plazos» y sin recurrir al apoyo del Estado.
Desde el sector, y como recogió este diario en sus páginas, se avanzó también en los últimos días la posibilidad de que se recuperasen las ayudas del FROB para animar una segunda oleada de fusiones. La gran banca siempre rechazó el uso de dinero público para sostener entidades a la deriva. Y esperan que esta reforma sirva para crear un sector fuerte, sólido y eficiente. «Que suponga la resolución de las entidades más débiles e inviables», dicen fuentes cercanas a la AEB.
El martes lo dijo Emilio Botín, presidente de Santander. El miércoles, el de Popular, Ángel Ron. Y ayer, poco antes de conocerse la reapertura del FROB, Francisco González, de BBVA. Las ayudas solo pueden ir a entidades solventes.
La inminente oleada de fusiones era algo que en el sector se daba por hecho. Las conversaciones entre entidades llevan tiempo produciéndose. «Estamos abiertos y estudiando nuevos procesos de integración», reconocía ayer ese portavoz de BMN, entidad que según fuentes financieras estaría interesada en pujar por Banco de Valencia. Novagalicia cree que puede seguir en solitario, según informó ayer. Y otras entidades, como Banca Cívica, que cuantificó en 650 millones el ajuste, rechazaron ayer recurrir de nuevo al FROB, pero no nuevas fusiones.
Queda por ver si la reforma sirve para que el crédito vuelva a fluir, al sacarse la banca ese peso —el ladrillo— de encima. Algunos banqueros han dicho que esas exigencias, junto a las de Bruselas, podrían estrangularlo aún más. González (BBVA) predijo ayer que cuando los inmuebles ahora estancados en las carteras de la banca se pongan a su precio real empezarán a salir al mercado y se iniciará un círculo virtuoso.







