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Llegó a la novela negra casi por casualidad (de hecho, no descubrió que su anterior novela, "Tarde, mal y nunca" era un thriller hasta un año después de su publicación) y en apenas unos pocos meses ha pasado de prometedora alternativa a la novela negra de toda la vida a uno de los más ilustres y destacados representantes de la ficción criminal.
Quizá porque Carlos Zanón (Barcelona, 1966), poeta antes que novelista y destacado abanderado local de BCNegra 2012, ha puesto todo su empeño en esquivar todos los tópicos del género y ofrecer una nueva visión en la que tanto el crimen como la ciudad que lo acoge visten chándal y calzan pantuflas de estar por casa.
«La violencia puede estar en pegar un tiro o en determinadas relaciones»
Violencia sin armas
En "No llames a casa", el protagonismo se lo reparten Bruno, Raquel y Cristian, un trío de manguis de poca monta especializados en seguir a las parejas que salen de apartamentos de alquiler por horas, identificarlas y chantajearlas, y Max, un tipo normal y corriente que se convierte en su objetivo tras tener una aventura con una compañera de trabajo. "Es una partida de cartas en la que van cambiando las apuestas y las iniciativas", resume Zanón, para quien la aproximación a la novela negra no deja de ser una excusa para "hurgar en las contradicciones y en lo que se esconde tras las apariencias".
Porque lo normal, sostiene Zanón, puede acabar resultando lo más inquietante y la violencia no tiene por qué estar únicamente en liarse a tiros o guantazos. "Casi todos los que hablamos pistolas no hemos visto una en nuestra vida, pero sí que podemos haber tenido madres posesivas o novias hijas de puta", sostiene un autor que, en su huida hacia adelante, ha decidido escapar de la Barcelona del Raval, con sus callejones sórdidos y sus delincuentes a jornada completa, para resituarse en un barrio tan aparentemente tranquilo como el del Guinardó, el mismo en el que él vive. "Llega un momento que te hace gracia colocar a tus personajes en las calles por las que has pasado un millón de veces", explica.
«Matar a alguien debe ser muy sucio, muy costoso y muy poco cinematográfico»
Y, en efecto, pasan cosas. Cosas como que tres rateros y un tipo normal crucen sus caminos y la cosa acabe fatal, sin necesidad de detectives, mossos avispados, crímenes sanguinolentos ni cuerpos descuartizados con firmeza quirúrgica. "Supongo que matar a alguien debe ser muy sucio, muy costoso y muy poco cinematográfico. Rehuyo ese glamour de la pistola y el asesino; todo es una chapuza. Los grandes desastres están basados en chapuzas", asegura sobre un libro que Daniel Calparsoro está a punto de llevar a la gran pantalla. "Le envié mi primera novela y me dijo que le había encantado y me preguntó si estaba trabajando en algo nuevo, así que le hice llegar el manuscrito y le entusiasmó", explica Zanón.




