En Vídeo
En imágenes
Cada vez es menos frecuente que un intelectual, que un escritor popular, de fama y prestigio, se las tenga tiesas con un poderoso. Aquellos intelectuales de antaño que tenían la lengua afilada y la pluma presta a la denuncia parecen cosa de otro tiempo. La crisis que padece Occidente lo ha vuelto a poner de relieve. Apenas si se escucha alguna voz que clame, aunque sea en el desierto, contra los mercados, la especulación, la rapiña, la codicia de unos pocos. Alguien que proponga algo, que vaya más allá de la progresía de salón. Parece que se sigue al pie de la letra los viejos versos de don Luis de Góngora y Argote: «Traten otros del gobierno, del mundo y sus monarquías, mientras gobiernan mis días, mantequillas y pan tierno».
Censura y amenaza de cárcel
Por eso hay que resaltar la actitud que está teniendo estos días el escritor norteamericano Paul Auster, que le ha dicho unas cuantas verdades, si no a la cara, sí a los medios, al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a propósito de la libertad de expresión, más exactamente de su inexistencia en el país otomano, según Auster. El escritor se ha negado a viajar a Turquía mientras, según sus palabras, existan tantos periodistas e intelectuales presos en el país. «La libertad de expresarse y de publicar sin censura o amenaza de cárcel es un derecho sagrado para todos los hombres y mujeres», ha subrayado Paul Auster en un comunicado que se ha difunde en varios medios de comunicación turcos, según recoge Efe.



