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El mar del Orzán

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No hay mayor generosidad en el ser humano que sacrificarse por otro. Qué lección nos han dado

Día 02/02/2012
Cuántas vidas se ha llevado, cuántas ilusiones ha truncado y arrastrado, envuelto en sus olas sin piedad ni compasión. Cuántas se llevará en el futuro. Familias rotas por la tempestad de un mar desafiante y místico. Alto tributo y altos precios se cobra, todo lo que da también se lo lleva, bien lo saben quiénes viven y trabajan en la mar. Mar amable y apacible, mar traicionero y tumba descarnada durante días hasta que sacia su sed y luego devuelve lo que ya no quiere.
Un joven, imprudente, tres policías, igualmente jóvenes, en lo mejor de la vida, son las últimas víctimas. Una fiesta en la playa, jugando y coqueteando con el rumor de las olas. Todo cambia en segundos. Y tres policías, en la mayor de las entregas y generosidades, en cumplimiento del servicio y más aún arriesgando sus propias vidas tratan de salvar al joven que desencadena la tragedia.
Cuatro familias destrozadas. Incomprensión, incredulidad, rabia, abatimiento total. Tres policías, ejemplares, arriesgaron su vida y pagaron el mayor de los precios. Luto en el cuerpo. Medallas de oro a título de póstumo. Orgullo en el dolor para sus familias. No hay mayor generosidad en el ser humano que sacrificarse por otro. Qué lección nos han dado. El sacrificio de la propia vida. No lo dudaron, ni siquiera lo pensaron, su instinto de supervivencia se doblegó ante el auxilio y ayuda a otra persona. No los olvidemos, tampoco a sus familias cuando el duelo, las cámaras y los titulares pasen. Pero no es justo que el mar gane. No es justo que estos tres héroes hayan perdido su vida. Tampoco la del joven eslovaco.
Prudencia, sensatez. La que hace falta a los jóvenes que no piensan, que no analizan, que no sucumben al miedo ni a los peligros creyéndose que lo saben todo, que lo pueden todo, que lo dominan todo. Pero la vida es esa moneda lanzada al aire con dos caras, a veces sale siempre la misma, otras no. Bañarse en el océano de noche, en pleno invierno, con un temporal que insensatamente no supieron ver ni dimensionar. Pero la fiesta se cobró vidas, sobre todo de quiénes no estaban de fiesta. La ebriedad de la zozobra de una juventud irresponsable. Terrible, incomprensible. Y tras la resaca, la desolación de la pesadilla que se torna real.
El mar, la mar, esa mar asesina, impenitente e inmisericorde, sin alma ni compasión. Lo da todo, pero también se lo lleva todo. Insensible, agónica. Inhumana, cobarde, egoísta. Lecciones de una tragedia que no olvidarán los seres queridos y los amigos. El resto viviremos, y lo iremos olvidando, como tantas y tantas otras cosas y hecho. La vida es así, o tal vez, queremos ser así los seres humanos indiferentes al dolor ajeno, egoístas con el propio. Tres héroes pagaron con su vida la furia en la ensenada del Orzán.

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