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Con la amenaza de veto por parte de Rusia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se dispone a votar un plan para Siria que exigiría al presidente Bashar al-Assad que abandone el poder. El plan, elaborado por la Liga Árabe y apoyado por los miembros occidentales del Consejo, ha sido muy criticado por Rusia, uno de los pocos aliados que el régimen de Al-Assad aún conserva.
«El borrador del Consejo de Seguridad no ayudará a encontrar un compromiso. E imponerlo es el camino a la guerra civil», declaró Gennady Gatilov, viceministro de Asuntos Exteriores ruso.
Rusia opina que la dimisión de Al-Assad no debería ser una condición para el éxito de un plan que pretende terminar con el derramamiento de sangre en Siria, y que los aspectos políticos del futuro del gobierno sirio deberían discutirse en un proceso de paz. Moscú se opone también a las «medidas adicionales» que menciona el documento, ya que las consideran una amenaza, y ha criticado que el plan culpa únicamente a las autoridades sirias de la masacre que ha vivido el país.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, cree que es crucial que el Consejo de Seguridad tome medidas sobre Siria, un país en el que, según Ban, las muertes deberían terminar inmediatamente.
El mensaje de Ban va especialmente dirigido a Rusia y China. Ambos países, miembros permanentes del Consejo, tienen capacidad de veto, del cual ya hicieron uso el pasado octubre cuando el Consejo revisó una propuesta de sanción a Siria si continuaba la violencia.
Por su parte, el embajador de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, abrió anoche la puerta a un posible consenso con las potencias occidentales, después de que en el texto que discute el Consejo de Seguridad se hayan incluido algunas de las propuestas rusas. «Hemos encontrado algunos elementos de nuestro texto, y esto da motivos para la esperanza», dijo Churkin durante el debate, en el se discute la iniciativa de la Liga Árabe que secundan EE.UU. y la UE.










