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El gallego justo

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La imagen del aldeano gallego afrontando una justicia ininteligible es ridícula por muchas razones

Día 31/01/2012
Recientemente, se presentaba con la habitual fanfarria el «Diccionario xurídico» gallego. Era la culminación de otro ambicioso proyecto normalizador de la conocida dupla Academia-Autonomía. Los primeros han desarrollado cursos bastantes acerca del tema; los segundos han valorado esos cursos hasta la injusticia en los concursos de méritos del funcionariado judicial.
El tema, además, se presta a una antigua demagogia. Para el galleguismo, es icónica la escena del pobre campesino humillado ante un juez que no le entiende. En la vida diaria nos da la impresión de que el paisano gallego siempre se ha sabido defender muy bien. El imaginario nacionalista prefiere presentarlo como un débil inepto que necesita ser rescatado por intelectuales salvapatrias.
Desde luego, la imagen del aldeano gallego afrontando una justicia ininteligible es ridícula por muchas razones. La justicia es un mundo de saberes cerrados y reglas tortuosas. Su vocabulario es propio y específico; sus conceptos, construcciones abstractas y definidas. De ahí que todos, ya sean campesinos iletrados, ya sean profesores letrados, necesitemos de mediadores —abogados— para tratar con ella. Es cierto que la lengua de la aldea está alejada de la justicia. Y aún más en los tiempos anteriores a que llegaran la escuela pública, la radio y la televisión. Pero esto le ocurría tanto a un aldeano de Lugo, como a uno de Badajoz, o de cualquier pueblo italiano o francés. Lo que convierte esta vieja demagogia en afrenta a Galicia es la peculiaridad de nuestro caso en lo que se refiere a la justicia. Y es que los gallegos hemos estado siempre muy sobrerrepresentados en los tribunales españoles.
El gran número de jueces gallegos ha dado lugar incluso a reflexiones sobre si hay algo en nosotros que nos hace ser tan apropiados para este oficio. Sea como fuere, los jueces en Galicia suelen ser gallegos. Y si no lo son, poco les cuesta —y les costaba— entender la lengua del paisano. Y sin embargo, nuestra administración de justicia gasta recursos y esfuerzos en «galleguizarla». Dicen «recuperar» la lengua gallega para ella. No les crean. No hay léxico gallego que recuperar (hay algún documento medieval, pero es adaptación del Fuero Juzgo y las Partidas, escritos ya en romance casi castellano).
La justicia se ha hecho en esta lengua y por tanto, cuando los gallegos hablaban y discutían sobre ella, lo hacían en castellano. No ha habido ocasión ni razón para elaborar un vocabulario propio.
Por consiguiente, nadie está recuperando el gallego jurídico, sino inventándolo. Creándolo casi <CF2>ex nihilo</CF> en reuniones en Santiago (un equipo de cuatro lingüistas, decía la noticia).
¿Y para qué lo hacen? Para erigir fronteras donde antes no las había, para conseguir puntos que otros no pueden obtener, para cazar subvenciones. Algunos incluso no tienen más razón que la simple y crédula estulticia. Lo único obvio es que, para las personas que impulsan este «gallego jurídico», la justicia resulta algo secundario.
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