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Aún con la brutal escena del crimen grabada en su retina —dos abuelos de 80 años y su nieta de 16 asesinados a golpes en su casa—, los agentes de Mossos d'Esquadra siguen sus pesquisas para dar con el autor o autores del ya bautizado como crimen de la calle Cerdeña, en Barcelona. Parapetados, eso sí, detrás de un casi impermeable silencio excusado por el secreto de sumario que impuso el juez instructor.
El pasado viernes, en el 2º2ª del inmueble número 287 de la calle Cerdeña, a cuatro pasos de la Sagrada Familia, fueron hallados los cadáveres de sus moradores. Un matrimonio de 80 años, los Clavaguera, y su nieta de 16, Andrea, que vivía con ellos porque su madre no podía hacerse cargo de ella. Los tres fueron asesinados a golpes por algún tipo de objeto contundente, presumiblemente una herramienta, aún no encontrada.
Según ha trascendido, los cadáveres, descubiertos por unos familiares —la hija del matrimonio y tía de la menor, y su pareja—, estaban en distintas habitaciones. El inmueble había sido desordenado de forma tan ostentosa que induce a pensar que se quiso simular un robo.
La Policía está enfocando sus pesquisas en el entorno familiar y de amigos de las víctimas. El ensañamiento en los homicidios suele asociarse a motivos personales —de ahí que se indague en la proximidad—, al influjo de algún tipo de droga o a un trastorno mental más o menos transitorio. Además, analiza las grabaciones de la videocámara de una sucursal bancaria de la zona.
Según contaban algunas de sus supuestas amigas a los periodistas el día del crimen, la menor, Andrea, —a la que atribuían problemas con las drogas y dificultades en los estudios—, tenía novio de hace poco. Otro hilo del que tirar...





