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Tensión y una espera en una escollera que minuto a minuto se vuelve más amarga. Es la cruda realidad de dos familias, las de los lucenses Rodrigo Maseda (Burela, Lugo; 35 años) y José Antonio Villamor (Friol, Lugo; 34), que arropadas por decenas de familiares y amigos participaron «desde primera hora» de una fría y soleada mañana de sábado en la búsqueda de los agentes de Policía desaparecidos en la madrugada del viernes, cuando trataban de ayudar a un compañero en el rescate del estudiante eslovaco Tomas Velicky.
Padres, madres, hermanos, allegados, amigos, vecinos... todos van y vienen durante el día. Por encima sobrevuelan helicópteros. «Lo más emotivo es ver al padre, erguido, mirando al mar», relata a ABC uno de los participantes en la búsqueda. Algunos, como el hermano de Maseda o su padre, ya estaban desde el viernes. «Hasta ha venido la hermana de Villamor, que se desplazó a La Coruña desde Castellón». La primogénita trabaja allí como funcionaria. Nadie quiere abandonar hasta cerrar la negra tragedia de la Playa del Orzán con un sepelio con honores.
Una mañana soleada, «pero más fría», facilitó los trabajos de más de un centenar de efectivos por tierra, mar y aire. Por la noche, tres embarcaciones y un retén de bomberos habían mantenido prendida la búsqueda. Llegaron refuerzos: muchos vecinos de Friol y de Burela. A media tarde estaban aún, solo en la escollera, una cincuentena de personas. Sobre todo gente joven. Había más a lo largo de todo el paseo marítimo, que en La Coruña mide kilómetros. Y más lejos: a lo largo de toda la costa de la ciudad, un goteo de voluntarios que dedicaron un rato de sus días libres a echar un ojo al mar. Por si acaso.
Ampliación de la zona
Los profesionales, con mono del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil, del Grupo Especial de Operaciones (los GEO) de la Policía Nacional y de la Agencia Gallega de Emergencias del cuerpo de la policía adscrito a Galicia. El peinado no se ha limitado a la zona urbana: agentes de Protección Civil y de los Bomberos montados en bici recorrían la costa hasta allí donde la ciudad deja de ser ciudad. Con el paso de las horas, el área que recorrían los buques de Salvamento, de la Policía Nacional y de la Xunta se amplió hasta el municipio limítrofe, Arteixo, ya en las bravas aguas del Puerto Exterior, en Punta Langosteira.
Sin resultados
La jornada no deparó resultados. Las mayores esperanzas las tenían todos por la mañana, cuando la bajamar y una mar más calma podrían dejar ver algún cuerpo enganchado entre las rocas. A las once se sumergieron, en primer turno, ocho de los veinte buzos del operativo. Arrancaron en la zona próxima a una zona de museos, la Casa del Hombre y la Casa de los Peces, al este de las playas del Orzán y Riazor. Otro grupito, en el otro extremo de la ensenada, cerca del monumento Millenium, un obelisco enclavado en la zona donde a las nueve del viernes se encontraba el único cuerpo recuperado hasta hoy, el del policía Javier López. El área se fue incrementando hasta las tres de la tarde, cuando la subida de las aguas obligó a posponer la inmersión.
Los buzos se fueron a descansar, pero el dispositivo no se detuvo. Responsables de Salvamento anunciaron que la búsqueda continuará «día y noche». En la zona se quedan los buques y cuatro helicópteros se mantendrán en el aire, por turnos.
La jornada de ayer tuvo incluso polémica. Un portavoz del Grupo de Expertos no Gubernamentales del Sistema Mundial de Socorro aseguró que Fomento activó sus helicópteros Helimer 210 y 215 «cuatro horas más tarde de la activación de la alerta».





