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Internacional / el pulso del planeta

El «editor» de perfumes

Frédéric Malle acepta, modifica, matiza o añade un toque de distinción a las fragancias de otros creadores y los vende su exclusiva boutique parisina

Día 27/01/2012 - 03.56h

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Frédéric Malle pudo hacer carrera siguiendo el camino trazado por su abuelo, su madre o su tío, grandes figuras de las artes del perfume y el cine. Prefirió inventarse una profesión de nuevo cuño: «Editor de perfumes...»

Profesión muy semejante a la del director de orquesta o editor de libros, con una diferencia: gracias a su olfato, Frédéric Malle ha conseguido una implantación internacional y millonaria en un tiempo récord, usando el talento de otros grandes creadores de perfumes para crear su propia casa de «edición», cuya minúscula sede parisina se ha convertido en una suerte de meca de famosos que buscan perfumes exclusivos, fragancias únicas.

«¿Cómo conseguir imponerse en el mundo industrial de los grandes perfumes y las grandes fragancias..?» Frédéric Malle: «Con buen gusto. Cuando todo el mundo desea conquistar a todo el mundo, hay quienes aspiran a lo único, lo excepcional. Y cada perfume es el fruto de una creación, siempre solitaria, secreta, nocturna. Un gran perfume siempre es el fruto de una alquimia erótica... su fragancia viste, desnuda, acompaña en la intimidad más secreta a un hombre o una mujer. Al final, el perfume quizá sea algo profundamente erótico, sensual: sus gotas y elixires confieren un atractivo único al cuerpo de un hombre o una mujer... quizá el mejor perfume es aquel que permite a cada cuerpo expresar de manera más gloriosa sus embrujos más íntimos e inolvidables...»

Su padre y su madre fueron los grandes creadores de las primeras líneas de perfumes de Christian Dior. Su tío, Louis Malle, es uno de los grandes maestros de la Nouvelle Vague. Frédéric Malle fue mal estudiante. Y parecía «condenado» a seguir una carrera trazada por sus orígenes familiares. Pequeño detalle que lo aburría profundamente. De ahí la decisión de inventarse una profesión a la altura de sus ambiciones creadoras.

Como «editor», Frédéric Malle tomó otra decisión. Su primera boutique también rompería tradiciones en el mundo cerrado de la perfumería de lujo. Cada fragancia iría firmada por su creador. Malle se rodeó de grandes creadores de perfumes, desconocidos, con frecuencia, del gran público: Jean Claude Ellena, Dominique Ropion, Pierre Bourdon, Olivia Giacobetti, Édouard Fléchier, Maurice Rouce, Ralf Schwieger. Con sus creadores, Malle sostiene una relación de gran «editor»: ellos le proponen obras, creaciones... pero es el «editor» quien acepta, modifica o «edita», matiza, siguiendo la norma estricta de su sensibilidad.

Cuando la gran industria impone sus marcas y etiquetas, Frédéric Malle se dirige a una clientela mucho más sofisticada. Perfumes de autor, grandes creaciones únicas, destinadas a hombres y mujeres seducidos por obras que solo es posible hallar en pequeñas tiendas de ultralujo, en París, en Nueva York, en Los Ángeles.

«Lo esencial —dice Malle— es crear esencias con profundo sex appeal: a través del perfume, cada hombre, cada mujer, debe saber que expone una gracia propia, única, una manera de seducir con sus encantos propios».

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