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El epitafio con el que la familia desea que se recuerde a Fraga: «Bo e xeneroso»

Cumple con una tradición no muy seguida por los políticos

Día 27/01/2012 - 10.36h
El epitafio con el que la familia desea que se recuerde a Fraga: «Bo e xeneroso»
miguel muñiz
Epitafio en la tumba de Manuel Fraga Iribarne

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«No soy hombre de epitafios. He hecho alguno, para un hermano mío que se ahogó con veintiún años, pero yo no lo haría para mí», confesaba Manuel Fraga en una de sus últimas entrevistas en la que sí admitía que le gustaría que dijeran de él «que fui un hombre de bien, que hice todo lo que pude por mis semejantes». Ese espíritu es el que han querido conservar sus familiares en el epitafio que hoy reza en la lápida del exsenador en el cementerio de Perbes: «Bo e xeneroso».

La familia del político gallego cumple así con una tradición que se remonta a hace más de 2.000 años y se extiende por todo el mundo, la de plasmar el último pensamiento que se dedica a una persona fallecida. «Ya en la época romana, se leían epitafios en las lápidas a ambos lados de la vía Apia», recuerda Nieves Concostrina, redactora jefe de la revista «Adiós» y directora y presentadora del programa «Polvo Eres» en Radio 5 Todo Noticias.

La costumbre se ha seguido manteniendo a lo largo de los siglos, con ejemplos conocidos como el epitafio escrito en la tumba del cineasta Billy Wilder: «Soy escritor, pero nadie es perfecto», «Lo mejor está por llegar» del cantante Frank Sinatra y «Feo, fuerte y normal», del actor John Wayne.

Los epitafios de políticos, sin embargo, son escasos, sean del sector que sean. No figuran en las tumbas de Franco, Primo de Rivera, Pablo Iglesias, Dolores Ibarruri, Calvo Sotelo o Niceto Alcalá Zamora, por citar algunos. Nicolás Salmerón, expresidente de la I República enterrado en el cementerio civil de Madrid, es uno de los pocos con epitafio: «Dejó el poder para no firmar una sentencia de muerte».

«Con los políticos se tiene especial cuidado para no provocar a nadie», señala Concostrina, quien sí ha recogido frases de políticos que sus seguidores han labrado después en piedra, como la que se lee en la placa del expresidente de la Segunda República Manuel Azaña y que reproduce sus últimas palabras a sus compatriotas: «Paz, piedad, perdón». También en la tumba de Marcelino Camacho existe una referencia a una de las frases del exdirigente de Comisiones Obreras: «Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar».

El epitafio con el que la familia desea que se recuerde a Fraga: «Bo e xeneroso»

«Vivió para la patria. Murió por ella», reza en el mausoleo a Eduardo Dato en el Panteón de Hombres Ilustres en Madrid, en el que los liberales dejaron escrita en piedra su admiración por Sagasta.

Tampoco fuera de España se prodigan en los mausoleos de los políticos, pero Ronald Reagan sí cuenta con un largo epitafio que comienza con: «En mi corazón sé que el hombre es bueno...». Algo más breve es la que quiso que pusieran en su tumba el excanciller alemán Willy Brandt: «Lo he intentado». Y aunque en Internet circula un epitafio vinculado con Winston Churchill-«Estoy listo para encontrarme con mi Creador. Si mi Creador está listo para encontrarse conmigo es otra cosa»- en la tumba que comparte con su mujer solo aparece el nombre del político británico acompañado por la fecha de su nacimiento y defunción.

A Karl Marx le escribieron posteriormente en su tumba en Londres su frase «Trabajadores del mundo, uníos» y a Salvador Allende, los seguidores del expresidente chileno acompañaron su lápida con las últimas palabras del discurso que retransmitió por radio el 11 de septiembre de 1973: «Tengo fe en Chile y su destino».

También en el cementerio de Atlanta, donde está enterrado Martin Luther King, se conserva la parte final de su célebre discurso «He tenido un sueño» en el que decía: «Libre al fin. Dios todopoderoso, al fin soy libre».

Irreverentes y hasta divertidos

Escritos en su mayoría por familiares y amigos, existen epitafios sentidos, irreverentes e incluso divertidos. Estos últimos sí suelen ser deseo del fallecido ya que «cuando llega el momento crudo de la muerte, la familia no está para bromas». Solo así se explica Concostrina que haya documentado hasta seis casos en España con el falso epitafio atribuido a Groucho Marx: «Disculpen que no me levante». O casos tan curiosos como el de una persona enterrada en el cementerio de San José de Burgos en cuya tumba está escrito: «¿Veis como sí estaba enfermo?».

O el que se encuentra en el cementerio de Riópar Viejo, en Albacete. «Cuando nací, todos reían y yo lloraba. Viví de tal manera que cuando morí, todos lloraron y yo reí. La marihuana es lo que tiene», reza la lápida de una persona que murió de cáncer y usó la marihuana como tratamiento paliativo.

El concurso de epitafios abierto por Concostrina en Radio Nacional no deja de recibir epitafios, algunos de ellos recopilados en el libro «Y en polvo te convertirás». Un síntoma de que la costumbre sigue viva. Y algunos personajes famosos ya han manifestado sus deseos. Al escritor Antonio Gala le gustaría que en su lápida escriban el día de mañana «Murió vivo», mientras que Woody Allen, cuando se le ha preguntado por esta cuestión ha respondido: «No merecí terminar así».

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