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Cataluña / LA ROTONDA

El almacén de los condes perdidos

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Día 21/01/2012 - 12.49h

El 18 de diciembre de 2009 se celebró en Barcelona un acto solemne, cargado de simbolismo, como se dice. El Ayuntamiento, tras haber recuperado la titularidad del Castillo de Montjuïc, «devolvía» a la Generalitat la singular galería de retratos de los condes de Barcelona que la institución había perdido con el decreto de Nueva Planta, y que tras múltiples vicisitudes había acabado exhibiéndose en el Museo Militar. La colección, más valiosa en lo simbólico o documental que en lo artístico, retornaba a su legítimo propietario, que durante unas pocas semanas la exhibió en las paredes de la galería gótica del Palau de la Generalitat, como si se tratase de un trofeo de guerra. Pasado el «momento histórico» y los flashes de las cámaras, los retratos se embalaron discretamente y ahora duermen el sueño de los justos en un almacén.

El destino de la colección de retratos es el del Museo Militar en su conjunto, una institución a la que no se perdonó su origen franquista. El Ayuntamiento quería un triunfo simbólico, y lo tuvo: el precio a pagar, el cierre del Museo y la dispersión de una colección que llegó a reunir 6.500 piezas, de las cuales unas 1.000 estaban consideradas por el propio inventario municipal como de gran calidad. Unas pocas se devolvieron al Museo Marés, otras al Museo de Historia de la ciudad, la inmensa mayoría en cambio sigue escondida en almacenes a la espera de un destino dudoso, como es el caso del incierto nuevo museo militar del castillo de Figueres. Lo que se vendió como un «acto de ruptura democrática» con el franquismo fue en realidad un atropello cultural —como si para denunciar la violencia y el totalitarismo no hubiese que entender la guerra—, tal y como se encargaron de denunciar historiadores nada sospechosos como Jaume Sobrequés, Josep María Solé Sabaté o el fallecido Gabriel Cardona. El autor del proyecto de recuperación del castillo, Ramon Folch, también se pronunció en contra. «Una cosa es el Museo, y otra su colección, y lo que hay que hacer es modernizar el centro, hacer una museización moderna, puesta al día, pero esconder las piezas es una barbaridad», explicaba Sobrequés a ABC.

Ya entonces se explicó que a Montjuïc regresarían aquellas piezas que sirviesen para explicar la relación del castillo con la ciudad —tal y como pactó en su momento el PP con el PSC, y ahora ha reafirmado CiU tras el acuerdo de los presupuestos—, un pírrico paliativo que no remediará el desastre que supuso la dispersión de la colección. Desde la oscuridad de un almacén, los condes de Barcelona se han ahorrado al menos asistir al desastroso triunfo de la «cultura de la paz».

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