Cultura

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El Azor, la Historia al cubo

Fernando Sánchez Castillo exhibe en el Matadero los restos prensados del mítico barco, que compró hace un mes

Día 23/01/2012
El Azor, la Historia al cubo
ÓSCAR DEL POZO

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Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) es uno de los artistas más interesantes e internacionales de su generación. Obsesionado por la Historia y sus símbolos, por las relaciones entre arte y poder, en 2007 expuso en el MUSAC de León el mástil del Azor, el histórico barco de recreo de Franco —y años más tarde de Felipe González—, testigo de parte de nuestra Historia. Entonces le dio permiso su entonces propietario para cortar el mástil, exhibirlo y volver a colocarlo. Durante cuatro años, a Sánchez Castillo le rondaba una idea por la cabeza con esta gran ballena blanca. Para él ha sido su «Moby Dick»: «Tardé mucho en hacerme con ella». Finalmente, este moderno capitán Ahab logró introducir el barco en la Historia del Arte: en diciembre lo compró (no suelta prenda de por cuánto, pero advierte que no fue caro), se desguazó y hace una semana se prensó en Arganda gran parte del mismo (hubo piezas que fue imposible). El resultado: un cubo, que se exhibe desde hoy en Matadero Madrid, dentro de su programa «Abierto x Obras», que tiene como sede el frigorífico de este antiguo matadero. El prisma con los restos del barco compactados se muestra junto al mástil y el trozo con el nombre de la embarcación. La muestra lleva por título «Síndrome de Guernica». Al igual que en la obra de Picasso, arte e Historia van aquí también de la mano. «El arte —comenta Sánchez Castillo—siempre ha buscado una imagen para la Historia».

El artista relata a ABC la apasionante «travesía» del Azor. Tras el polémico crucero felipista en el 85, el Estado decide subastarlo en 1992, con una condición: que sea para desguace. La Armada, cuenta el artista, estima que vale unos cien millones de pesetas: tiene maderas de lujo, es grande, emblemático... Pero, al tener que desguazarse, el precio se quedó en poco más de 4,6 millones de pesetas. Su comprador, Lázaro González, trató de mantenerlo a flote. Su idea era montar un restaurante o un hotel flotante. Habló incluso con Jesús Gil para llevarlo a Marbella. Como no obtuvo los permisos pertinentes, cortó el barco en varios trozos y los trasladó a Cogollos, un pueblo de Burgos. Cuando acabó de montarlo ya se había arruinado y vendió la propiedad a unos socios. Durante años, quienes pasaron por allí, pudieron comprobar tan surrealista imagen: el motel-asador Azor, junto al histórico barco. «Iba deteriorándose cada vez más, pero aguantaba bien, porque estaba hecho de aluminio, metal que escaseaba en su época», dice el artista. Ve el Azorcomo «un barco fantasma. Todavía está en el imaginario español. Allí tuvieron lugar las conversaciones de la sucesión al régimen, Franco iba en él de pesca, estaba con su familia, aislado, como en una cápsula del tiempo».

Hoy pertenece a la colección de Sánchez Castillo. ¿Su fin es venderlo? «Ese es el fin de toda obra de arte, pero no depende de mí, sino de Juana de Aizpuru, mi galerista en España. Para mí, lo importante ya no es ese cubo —si entra en una colección, perfecto—, sino la digitalización del proyecto, cuyo proceso grabamos en vídeo. No planteo el proyecto como una destrucción, sino como un cambio de estado. Legalmente, he actuado como un Estado paralelo. He hecho el trabajo que el Estado no hizo en su día. No se atrevió a destruirlo y dejó que lo hiciera otro».

Se lamenta de la desconfianza que hay en España hacia el uso del arte contemporáneo de los símbolos. A punto de acabar con una úlcera burocrática, lleva años pidiendo permisos para fotografiar las estatuas ecuestres de Franco. De las diez que quedan solo ha podido retratar una, en Barcelona. «La dificultad que ponen las Administraciones para acceder a lo que hemos visto durante decenios es incomprensible. Cada vez que cae un régimen hay obsesión por destruir la estatua del dictador. Un comportamiento recurrente del ser humano: tener un líder y derrocarlo. A veces el artista actúa como un periodista. Los periodistas de investigación son mis artistas favoritos».

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