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En la Generalitat fuman en pipa. ¡Están que trinan! Incluso Pujol —el último político en mayúsculas que nos queda— les censura. ¿Qué habrán hecho? ¿No ponen multas?
Los Mossos d'Esquadra protestan. Siempre llama la atención que los que tienen que mantener el orden se pasen al otro lado de la foto y protagonicen una protesta. Si, además, sus jefes les critican y no apelan al diálogo y todo lo que se suele decir en estos casos el tema todavía es más llamativo.
En la Generalitat fuman en pipa. ¡Están que trinan! Incluso Pujol —el último político en mayúsculas que nos queda— les censura. ¿Qué habrán hecho? ¿No ponen multas? ¿Han dejado de gestionar el orden en un partido del Barça? ¿Acaso no han escoltado al representante de Carelia, Nación sin estado rusa, y gran aliada de Catalunya entre las naciones oprimidas del Mundo, al salir de la Generalitat?
Qué va, nada de todo eso. Los Mossos —¿o debo llamarles Mozos?— se manifiestan y visualizan su protesta haciendo lo más execrable que pueden hacer según el buen nacionalista: hablan en español, lucen banderas de España, a las que ellos han desterrado y llaman estanqueras, y gritan —oh, horror— «¡Que viva España!».
¡A dónde iremos a parar! ¡Cómo se atreven! Ellos, que han sido instruidos en la ortodoxia más extrema y excluyente. Ellos, que están entrenados para llevar sombrero de copa y espardenyes, sin pasar frío en los pies, cuando lucen el traje de gala. Ellos, que comparados con la odiosa Guardia Civil, son puros —todos con raíces que se remontan a Wifredo— y nos oprimen por nuestro bien en nombre de la nación.
El tema es muy revelador. Es normal que en cualquier reivindicación el manifestante use para presentar su queja aquello que más ofende o provoca a quien se le reivindica. Pues bien, ya hemos aprendido de la mano de los Mossos que lo que más revienta a nuestros próceres es el uso de la lengua española.
Tiendo a desconfiar de los poderes públicos. Ya lo dijo Nietzsche: «El Estado siempre miente y todo lo que tiene lo ha robado». Pero, en este caso, creo que si bien nuestra seguridad no está garantizada del todo, sí que nuestros Mossos —digo Mozos— son unos perspicaces sociólogos. Me temo, mis queridos amigos uniformados, que en materia reivindicativa pasaréis de represores legítimos a represaliados forzosos.




