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La embajada española confirmó anoche que se había recuperado el cuerpo de Guillermo Gual, de 68 años, el único español desaparecido, así como el del italiano Giovanni Masia, de 85. Se espera que hoy terminen los trámites para su repatriación. Los equipos de rescate siguen luchando contra reloj en la búsqueda de otros 16 desaparecidos, entre ellos seis miembros de la tripulación. Ayer se habían rescatado otras cinco personas: Una pareja de surcoreanos, de 29 años; una tercera persona salvada fue el jefe comisario de a bordo; Guillermo Gual y el italiano Masia fueron encontrados con los chalecos salvavidas puestos, atrapados en un camarote situado en la parte sumergida de la nave. El último en ser encontrado sin vida y registrado entre los desaparecidos ha sido encontrado en el segundo puente, una de las zonas no inundadas del crucero, con el chaleco salvavidas puesto.
Podría haber todavía personas con vida a bordo del Costa Concordia, un gigante adormecido sobre un lado frente al puerto de la isla toscana de Giglio, tras chocar lateralmente contra un escollo en la noche del viernes, con 4.229 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación. Se inspecciona camarote por camarote, con la esperanzas de encontrar aún personas atrapadas. Se confía en que en las cabinas sumergidas se hayan formado burbujas de aire que hayan permitido sobrevivir a los pasajeros. Los equipos de rescate trabajan con gran dificultad, sobre todo bajo el agua. Deben utilizar técnicas de espeleología y telecámaras.
En la búsqueda de supervivientes se procede haciendo una comparación entre la lista que tiene a su disposición la prefectura y el elenco de nombres del crucero. A este respecto, la confusión y el descontrol han sido enormes, señaló una fuente diplomática española. Por ejemplo, la lista ofrecida por la naviera propiedad del Concordia a las autoridades españolas indicaba un total de 196 españoles a bordo, si se hubieran embarcado todos los que estaban previstos: 26 en Palma de Mallorca y 163 en Barcelona, más 7 tripulantes. Tal confusión en las listas ha motivado que el Partido Italia de los Valores haya pedido al Gobierno que explique en el Parlamento por qué no han existido listas exactas de los pasajeros.
No se ha aplacado aún la polémica por la lentitud y falta de preparación de la tripulación en labores de rescate. Fue un desastre que ayer recordaban con rabia e indignación los pasajeros. Los españoles fueron repatriados ayer casi en su totalidad en diversos vuelos desde el aeropuerto romano de Fiumicino. Algunos prefirieron volver en autobús, por temor a coger un medio como el avión que consideraban peligroso. Cada uno de los pasajeros ha vivido una odisea particular. La más trágica ha sido la de la familia de Guillermo Gual que antes de conocer su muerte aseguraba Vicente Salvador, novia de Maria Rosa, sobrina de Guillermo Gual: «No quisiera volver a casa con un luto». Vicente Salvador, camarero, ha contado que había hecho un duro sacrificio para ahorrar y poder pagar el billete del crucero a su novia. «Fuimos dejados solos en medio del mar», confiesa la mayoría. Isabelle Mougin, francesa, embarzada de cuatro meses, cuenta entre lágrimas que temió «perder al niño cuando para salvarnos mi marido y yo tuvimos que saltar de una pasarela a otra».
Muchos son aún los interrogantes sobre la sorprendente dinámica del naufragio. La caja negra esta ya «hablando». Según el fiscal de Grosseto, Francesco Verusio, que coordina la investigación, el comandante tardó demasiado tiempo en dar la alarma: Habría una diferencia de una hora entre el momento del impacto, a las 21,45 y el aviso recibido por la Guardia Costera a las 22,43 horas. Francesco Verusio tampoco se explica que la nave estuviera a «solo 150 metros de la costa. Una distancia increíblemente cerca; estamos haciendo también comprobaciones por satélite para establecer todo con exactitud». El fiscal ha precisado que la nave hizo una travesía «muy peligrosa porque el fondo marino es irregular, muy escarpado, lleno de rocas y escollos». Por esta razón, la investigación profundizará en la posible negligencia por parte del comandante de la nave, Francesco Schettino, que fue detenido, junto al primer oficial, en la tarde del sábado, con la acusación de homicidio culposo, naufragio y abandono del barco. La opinión generalizada es que se ha tratado de un grave error humano. El ministro de Defensa italiano, Giampaolo di Paola, ha manifestado que «las investigaciones van a aclarar lo sucedido, pero de momento me parece obvio que fue un enorme error humano. Las naves de estas dimensiones –añadió el ministro- no pueden pasar tan cerca de la costa».
Vertido peligroso
Todos los esfuerzos se concentran en salvar a las personas que pueden estar atrapadas en la nave. Un minuto después los trabajos se concentrarán en evitar una marea negra, porque en los depósitos del Costa Concordia hay 2.380 toneladas de carburante y existe el riesgo de «un desastre ambiental de enormes proporciones» para Giglio y el archipiélago toscano, según han advertido en una nota dos senadores del Partido Democrático. Por su parte, Alessandro Giannì, de Greenpeace, ha pedido un plan urgente que prevea el vaciado inmediato de las cisternas de carburante de la nave, hablando de «seria emergencia ambiental a la que se debe responder con extrema urgencia».










