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El hundimiento de un Régimen

El principio del fin comenzó en 2009, cuando Zapatero sacó a Manuel Chaves de la Junta de Andalucía

Día 15/01/2012
El hundimiento de un Régimen
ED CAROSÍA

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«En Andalucía no habrá alternancia en el poder, porque eso es imposible cuando un partido lleva tanto tiempo gobernando. Aquí se producirá un desmoronamiento del Régimen que se llevará por delante a mi partido, que nos hundirá en la miseria y que impedirá el regreso al poder en un periodo de tiempo más largo del que mis propios compañeros piensan...» Todavía gobernaba Chaves con una mayoría absolutísima en el Parlamento de Andalucía y el viento de las encuestas a su favor cuando un socialista de la vieja guardia, formado pero no uniformado, fue capaz de predecir lo que está sucediendo ahora mismo.

Todo comenzó un Domingo de Ramos y todo puede terminar un Domingo de Pasión. El calendario litúrgico ayudaría en este caso a establecer parábolas y alegorías para alumbrar los hechos. Aquel Domingo de Ramos del año 2009 se filtró la noticia que sacudió los cimientos del Régimen: Chaves regresaba a Madrid. Porque lo de Chaves como presidente de la Junta fue una imposición de Felipe González, su mentor político, que lo obligó a ocupar un cargo por el que no sentía ninguna afición. Ahora era Zapatero quien lo despojaba de su poder virreinal para convertirlo en vicenada de un Gobierno que ya estaba dando sus primeros tumbos por culpa de la crisis. Esa crisis fue, precisamente, el primer golpe que había recibido el Titanic andaluz en su casco.

Como si fuera un iceberg que escondía la cruda realidad andaluza, la aparición de la crisis puso en peligro la tupida red clientelar que le servía al PSOE para controlar casi todos los resortes de la escuálida sociedad civil andaluza. El paro, verdadera seña de identidad de esta tierra donde el pleno empleo jamás pasó de ser una entelequia electoralista, fue disolviendo la propaganda de la Andalucía imparable. Las cifras de desempleo iban creciendo de forma paulatina y el nuevo presidente, elegido a dedo ese mismo Domingo de Ramos sin consultar al partido, nada hizo por contener semejante sangría. Griñán llegó al poder gracias a su amistad con Chaves. Compartían hasta entonces la afición por el cine y las cenas posteriores con sus respectivas esposas. Chaves se aseguraba, así, el control del virreinato andaluz. O eso creía...

Griñán se rebeló muy pronto contra su tutor y quiso volar por su cuenta. En el partido no era nadie: jamás había ocupado el más mínimo cargo orgánico. Exigió hacerse con la secretaría general y ahí se quebró el hilo que lo mantenía atado a Chaves. Desde entonces el PSOE andaluz es un partido irreconocible. Los «griñaninis», esos jóvenes que ni han estudiado ni han trabajado en su vida, le sirvieron a Griñán para hacerse con el aparato. Craso error. Rafael Velasco, su hombre fuerte en el partido, dimitió tras conocerse su afición por las subvenciones con que la Junta riega el tejido social andaluz. Cursillos pagados con dinero público para que su mujer los cobrara. El escándalo le costó a Griñán la cabeza de Velasco, su apuesta personal.

Al mismo tiempo, los funcionarios se rebelaban contra la Junta a través de la revolución naranja, protagonizando un hecho insólito en esta comunidad donde todo estaba bajo control. Griñán, un político afectado de una soberbia sin límites, manejó el asunto de la peor forma posible: menospreció a sus propios funcionarios y consintió que los suyos se enfrentaran con el personal que conoce los tejemanejes de la Junta. Ni planificando el suicidio le habría salido mejor. Mientras, los aduladores de turno seguían diciéndole a su esposa en privado: «Te envidiamos por convivir con un genio como Pepe».

Frente a este Pepe, el PP liderado por Arenas, que por fin se enteraba de qué iba la película. Oposición dura y sin contemplaciones. Hasta que llegó la hora. Dos trincones profesionales dejan sus voces grabadas en una cinta. Van pidiendo comisiones ilegales en nombre de la Junta. En una de esas charlas aparecen las siglas que marcarán el final de la era socialista: ERE. En la región más azotada por el paro se descubre el pastel. El dinero que debería emplearse para salvar puestos de trabajo se derrocha en cerrar empresas para proporcionarles una pensión vitalicia a una serie de intrusos que jamás trabajaron en ellas. Y todos del partido o de sus aledaños, claro está.

El escándalo salta la frontera de Despeñaperros y deja a Griñán solo ante el peligro. Zapatero tiene bastante con la crisis que está a punto de dejar al país en bancarrota como para echarle una mano a alguien que nada tenía que ver con su proyecto andaluz: su candidata para sustituir a Chaves era Mar Moreno, la eterna aspirante que a partir de entonces se achicharraría en ruedas de prensa donde pretendía defender lo indefendible y darle la vuelta a la realidad. Porque la Junta nunca fue la primera en denunciar nada, sino en ocultarlo. Y porque lejos de colaborar con la Justicia, siempre se dedicó a ponerle chinas en el camino a una mujer que desde entonces se convertiría en un símbolo de la otra Andalucía: la juez Mercedes Alaya.

Con el Régimen tambaleante y las encuestas anunciando la victoria del PP, salta el enésimo escándalo. Aquel director general de Empleo que definió una forma de hacer política con la expresión «fondo de reptiles» se dedicaba, según declaración de su propio chófer, a financiar empresas fantasma para gastarse ese dinero en cocaína. Griñán intenta desviar la atención convocando elecciones y sitúa la fecha el Domingo de Pasión. Para más inri, festividad de San Dimas, el buen ladrón. Los idus de marzo están a la vuelta de la esquina. Alea jacta est. La suerte está echada. Algunos morderán el polvo que otros esnifaban con cargo al presupuesto. El hundimiento del Régimen es algo más que la profecía de un viejo socialista... que ya no lo es.

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