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Picasso se desnuda en Valladolid

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La Sala de las Francesas muestra la «adoración» del malagueño por el cuerpo de mujer a través de sus grabados

Día 14/01/2012

La exposición «Picasso. La mujer y la seducción clásica» sintetiza desde ayer en la sala municipal de Las Francesas de Valladolid «toda la vida artística» del genio malagueño, que abarcó tres cuartas partes del siglo XX, a través de su «adoración» por el desnudo femenino, presente en prácticamente el medio centenar de piezas exhibidas, en su mayoría grabados.

Para el creador de «Las señoritas de Aviñón» o «El Guernica» el desnudo era «un objeto de seducción, deseo y adoración», no en vano él mismo gozó de una «fama bien ganada de seductor», recordó el director de la Fundación Picasso de Málaga, José María Luna Aguilar, entidad organizadora de la muestra y titular de más de 500 obras del maestro del cubismo.

A través de este desnudo, que Picasso plasma en litografías, aguafuertes, puntas secas o aguadas, pero también en cerámicas e ilustraciones —tal y como se puede comprobar en Las Francesas—, el espectador puede reconstruir «el devenir de la trayectoria plástica» del malagueño desde «la primera» serie de grabados que realizó hasta las obras que produjo «al final de sus días», apuntó Luna Aguilar. En la exposición, compuesta por obras firmadas entre 1905 y 1971, resuenan también los ecos del clasicismo grecorromano que el artista conoció desde niño, cuando se aventuró por primera vez en el mundo de la plástica de la mano de su padre, profesor de Historia del Arte. Precisamente una de las series que ahora se exponen en Valladolid, «Las metamorfosis de Ovidio», es para el director de la Fundación Picasso un «paradigma de la representación del clasicismo».

«Un mundo nuevo»

«El artista fue conocedor y deudor de la tradición para luego romperla y, como se dice ahora, deconstruirla», matizó Luna Aguilar, para luego añadir que «con esos restos, Picasso creó un mundo nuevo» que culminó con el cubismo, informa Ical.

La inauguración de la exposición estuvo presidida por la concejala de Cultura, Comercio y Turismo del Ayuntamiento de Valladolid, Mercedes Cantalapiedra, quien la calificó como «única» tanto por ser de grabados, «una técnica que Picasso meditó, trabajó y experimentó como pocos maestros en la historia del arte han hecho», como por trazar «una aproximación global» a la figura del malagueño «desde la óptica del tratamiento del cuerpo».

La muestra arranca con «Bajo el signo de Apolo», en la que Picasso rinde homenaje a la serenidad de los modelos grecorromanos, personificados en el dios Apolo, epítome del equilibrio y la armonía. «Las metamorfosis de Ovidio» deja constancia de la tensión y el delicado erotismo que marcaron el estilo del creador, especialmente en las piezas de este epígrafe, donde predomina la línea curva, casi laberíntica.

El tercer apartado, «Nuda veritas», es un canto a la desnudez. En «Ecos de Cranach», el malagueño recuerda a uno de sus artistas predilectos, Lucas Cranach el Viejo. El sexto apartado, «Atracción y deseo», plasma la carnalidad tan frecuentemente atribuida a Picasso. «Harén y gineceo» está protagonizada por la figura femenina en un entorno cerrado. «Musas», instalada en la sillería de la sala de Las Francesas, cierra la muestra con una doble galería de retratos.

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