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Juan Francisco Trujillo, antiguo chófer del exdirector de empleo andaluz
«¿A Juan Francisco le llaman el ministro en Andújar? Pues habrá cambiado mucho: antes era un chico normal. Despierto, pero normal». Quien así lo define conoció al chófer del ex director general de empleo de la Junta de Andalucía cuando éste cursaba formación profesional en la tercera ciudad jiennense. En aquella época, los ochenta, no tenía más ambición que conseguir un buen empleo. Público, a ser posible. Más tarde llegarían las presuntas malas compañías políticas que le trajeron, según su propia declaración, subvenciones al portador y cocaína en serie.
Juan Francisco Trujillo, nacido en 1967, estudió en las escuelas de la Sagrada Familia de Andújar. Afiliado al PSOE casi desde la adolescencia, hizo carrera en el partido, pero automovilística, pues consiguió empleo en «boxes»: en los 90 trabajó de conductor de la Junta de Andalucía. Fue el chófer de la Delegación de Economía y Hacienda en Jaén. Allí le recuerdan como un chico sin ambiciones, buen padre y buen marido, con cierto interés por la literatura.
El futuro chófer no dejó tan buena huella en el Ayuntamiento de Andújar, donde entró como auxiliar administrativo mediante el programa Andalucía Joven. En el consistorio tenía una imagen de ser un mozo distante, casi altivo. «Parecía que te miraba por encima del hombro», dice un empleado municipal, apreciación con la que coincide un vecino de la pedanía iliturgitana en la que reside junto a su mujer.
En Llanos del Sotillo vive un centenar de familias humildes, pero este vecino ha llevado existencia de rico. El interior de su casa, a decir de un paisano, es de lujo. Asegura que la decoración compagina lo último en confort con las antigüedades. Además, frente a la austeridad de sus vecinos, el chófer contraponía el dispendio.
Dado lo elevado del nivel de vida, la vecindad preveía la caída de Trujillo, pero ha quedado perpleja por los detalles de la misma. Y no sólo ellos. Un político que le conoció mostró su estupefacción tras leer el ABC: «Me he quedado de piedra», admite. «No le cuadra esa imagen…».




