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La polémica sobre la actitud del presidente de Alemania, el democristiano Christian Wulff, se ha convertido ya en un grave problema político para la canciller Angela Merkel. Aunque el propio Wulff dice estar seguro de que «dentro de un año todo esto se habrá olvidado», no está claro que, para entonces, siga siendo presidente. La presión de la oposición socialdemócrata se ha acentuado este fin de semana con una batería de críticas que incluyen la tesis de que no solo Wulff debe dimitir, sino que en tal caso deberían convocarse nuevas elecciones legislativas para elegir a un sucesor para ocupar la jefatura del Estado.
Andrea Nahles, secretaria general del partido socialdemócrata (SPD, oposición) se basa en el hecho de que en la actual legislatura ya ha dimitido un presidente (Horst Koehler, por unas declaraciones sobre la presencia de tropas alemanas en Afganistán). Si Wulff tuviera que dimitir también, sería necesario renovar la Asamblea legislativa que es la que debe elegirlo. «Cada día se debilita. Tengo dudas más que razonables de que supere este escándalo», ha confesado Nahles a «Bild am Sonntag». «Si Wulff dimite, Merkel deberá enfrentarse al voto de los electores. Sospecho que es la razón por la que no se pronuncia abiertamente» sobre el aún presidente.
El problema de Merkel para afrontar ahora las urnas es que sus socios liberales se encuentran en su peor momento, con las encuestas por debajo del 5 por ciento, lo que según la ley electoral alemana significa su desaparición política. Las turbulencias financieras en la zona euro pueden ser un factor que debilite a la canciller, aunque tampoco está claro si serían los socialdemócratas quienes se beneficiarían del descontento.
Críticas del SPD
Frank-Walter Steinmeier, el actual líder socialdemócrata, ha ido más lejos en sus críticas al vincular la posición política de la canciller con la polémica que está minando el prestigio de Wulff. En una entrevista al «Taggespiegel» ha afirmado que Angela Merkel «no puede permanecer como si no tuviera nada que ver con todo este asunto y como si el presidente federal viviese en otra esfera política».
Según las encuestas, la mayoría de la población cree que Wulff ha perdido credibilidad. Nadie ha demostrado que haya hecho nada ilegal, pero se le reprocha haber presionado a un periódico, nada menos que el poderoso «Bild», para que no publicase la historia del ventajoso crédito de medio millón de euros que recibió de un amigo empresario cuando era presidente del land de Baja Sajonia.
La semana pasada apareció en televisión explicando su versión. Pero el mismo día sus palabras fueron barridas por el desafío del director del «Bild», que le acusó de mentir y le instó a que permitiera publicar la grabación de la llamada en la que Wulff trataba de presionarle para que no publicase la noticia. El hecho de que se negase a ello ha minado su credibilidad.








