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Así se esfumó el Club de Fumadores

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Los rebeldes a la ley antitabaco dieron escaso uso al primer local ourensano que atendió sus protestas. Hoy, es un buffet

Día 09/01/2012
Así se esfumó el Club de Fumadores
El Club de Fumadores, en su presentación oficial

Xesteira Chang Euforia es el nombre del nuevo negocio de José María Rodríguez, el empresario que creó el primer Club de Fumadores de Ourense y que vio cómo su inversión «se iba al traste porque los fumadores no respondieron». El Club de Fumadores del café teatro Xesteira se ha convertido en humo, una vez que el espacio de casi 2.000 metros cuadrados ha acabado transformándose en un restaurante chino de la Cadena de wok «Chang Euforia»; y ya no da cabida a la sala de fumadores que se encontraba en la planta superior.

Rodríguez adquirió el local en la calle Concordia hace ya cinco años pero a la vista del escaso éxito de la sala, hace unos meses decidió hacer sociedad con el empresario chino creador de la franquicia de buffets de comida asiática Chang Euforia. Con esta operación, dio carpetazo a un club de fumadores que se desinfló en poco tiempo y que costó «una buena pasta» que el propietario no consiguió recuperar. Los fumadores se evaporaron con la misma velocidad inicial con la que se apuntaron, puntualizó a ABC.

Consultado por este periódico, José María explicó que el esfuerzo y la inversión de más de 70.000 euros para transformar la sala superior del Xesteira en Club de Fumadores, y adaptarla a las normativas de Sanidad e Industria, fue «una total pérdida de tiempo y dinero, ya que los fumadores venían cuando hacía muy mal tiempo. En esos día había lleno, pero cuando hacía buen tiempo ya no aparecía ni uno por el Club y eso no hay negocio que lo aguante», desveló en su conversación con este diario.

Este empresario se comprometió con los fumadores a aportarles una alternativa a la norma impuesta, combinando su actividad con la «Asociación Amigos del Tabaco», que llegó a tener cerca de 2.000 socios pero, al final, se dio cuenta de que este tipo de clubes «no son rentables» ya que, «aunque unos cuantos empresarios apostamos por ello, la gente no respondió».

El club de Fumadores del Xesteira fue la vía de la rebeldía contra la ley, pero solamente una mínima parte de los fumadores registrados eran de la ciudad (los únicos —y no todos— que utilizaban el local). Los demás eran de otros puntos geográficos y su afiliación fue un mero acto reivindicativo. El propietario del Café Teatro Xesteira invirtió más de dos millones de euros, a los que se sumaron los 70.000 de los arreglos para adaptar el local a la ley. El gasto no cumplió el objetivo o, más bien, los destinatarios no se dieron por aludidos y su falta de asistencia a esta sala ha provocado el cierre del primer Club de Fumadores de España que se activó tras la famosa Ley Antitabaco.

Ahora, José María observa con optimismo la buena progresión de su nuevo proyecto en sociedad con Chang Euforia. El restaurante chino ofrece saludables platos preparados por profesionales orientales. El Xesteira Chang Euforia da empleo a 16 personas de nacionalidad china y ocho españoles y está preparando una próxima apertura de otro local en Santiago de Compostela. «Todo va viento en popa», manifestaron. De hecho en un sábado se sirven en este local cerca de 600 comidas que son preparadas por los cocineros orientales. Mariscos y pescados frescos comprados cada mañana en la lonja pasan por la plancha cada día y los clientes aprecian la calidad de los productos que les sirven con acento oriental.

El buffet ofrece una gran variedad de platos preparados en wok y otros cuyos ingredientes selecciona el cliente y se los cocinan a la plancha en el mismo instante. La experiencia le ha demostrado a José María Rodríguez que es más rentable invertir en alimentos ricos y saludables para amantes del buen comer que en atender la llamada a la insumisión de los devotos del tabaco. «Los romanticismos me costaron caros», reconoció.

Admite que fue un error apostar por el tópico de que lo prohibido genera tentación. En el Café Teatro Xesteira entendieron equivocadamente, puntualizó, que la vía de escape a la ley sería reconvertirse en club de fumadores. Así fue justo como decidieron reinventarse combinando su actividad con la «Asociación Amigos del Tabaco», a la que se sumaron 500 afiliados en un principio. Algunos de ellos ni siquiera tenían el hábito, pero optaron por unirse igualmente. Lo que no sabían, contaron entonces a ABC, era si visitarían la sala o su adscripción simplemente significaría «una rebeldía» contra la prohibición.

Ahí radicaba una de las claves del asunto, al desconocerse la intención real de los integrantes del «singular» experimento. «En principio, la idea pinta bien. Veremos los resultados de las inspecciones sanitarias y de las instancias administrativas que procedan, incluido el Ministerio del Interior, que habrá de dar validez a esta fórmula, en la que se une el vicio de fumar con el afán de lucro», habían contado a este periódico en 2011, «eso sí, sin mezclarse lo uno con lo otro», apostillaban con rotundidad.

El dueño contaba con que los miembros harían uso, asimismo, de la cafetería para llevarse las consumiciones que, en el caso de un café, no pasaban de un euro, bizcocho incluido. «Es llevarse en sentido literal, porque la ley establece que habrán de servirse en el club ellos mismos la bebida y que no puede acceder a este recinto ningún camarero», puntualizaron en el momento de la constitución. Curiosamente, Carlos Ramón Cid, era el camarero-presidente de la Asociación de Amigos del Tabaco. Decidió poner su idea en conocimiento del asesor jurídico de la empresa y, una vez éste le dijo al propietario del local que era posible, se firmó un convenio de cesión de las instalaciones y se puso en marcha el papeleo legal.

«Hasta que conseguimos abrir el local para este uso tuvimos que presentar mucho papel en la Xunta y en el Ministerio, pero de eso se encargó nuestro abogado», explicaron tanto José María como Carlos a este diario. «Lo que queremos es que los fumadores no tengan que estar tirados por la calle para echar un cigarrillo. Se trata de poner a su disposición un habitáculo acondicionado en el que estén a gusto», defendieron en su día. Al final los adictos al humo se esfumaron.

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