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—¿Edge es el perfeccionista?
—Bono. Ah, sí. Yo trato de ser perfeccionista, pero he de reconocer que todavía no lo he logrado. Y tengo que decir que si no tuviera el talento extraordinario del hombre que está sentado al mi lado, no tendríamos nada. Edge forma la orquesta con el resto de la banda, encontró el lugar donde va mi voz, donde Larry tiene su batería, donde Adam entra perfectamente con el bajo. Cuando hablamos de pintores, algunos son dueños de cierto color, como Van Gogh con el color amarillo o Yves Klein con el azul. En el espectro de la música, hay ciertos tonos y sentimientos que le pertenencen a The Edge. Y es algo muy remarcable, porque hay emociones que nunca se habían expresado antes de él. Ése es The Edge.
—The Edge. Gracias, pero también tengo que decir que la forma en que toco la guitarra es fruto de mi relación con mis compañeros durante tanto tiempo. No tocaría igual sin su magnífica influencia. Para nada.
—Bono. Yo solo intento mostrar el camino.
—The Edge. Cuando estamos en el estudio, a los ingenieros jóvenes les decimos que en los momentos en que no estén seguros de si deberían grabarnos, es cuando deberían empezar a grabar, porque ahí es cuando pasa todo lo mejor, lo inesperado. Cuando se enciende la luz roja para que toquemos una sesión “en serio” por lo general no es tan interesante.



