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«Tarancón tuvo algo que debiéramos tener todos: capacidad de diálogo sin renunciar a los principios básicos. En cuarenta años tan convulsos de la historia de España, el cardenal acaba triunfando porque acaban triunfando la palabra y la razón». Son frases de Antonio Hernández («Los Borgia»), el director de «Tarancón, el quinto mandamiento», la serie en dos capítulos que mañana se estrena en La 1, una ambiciosa coproducción de TVE y la televisión valenciana.
Vicente Enrique y Tarancón (Burriana, 1907-Valencia, 1994) es un personaje clave de la transición española y un hombre crucial en la reconciliación de dos bandos fratricidas en nuestra patria. Para José Sancho, quien lo intepreta, la película resulta fiel a la historia. Se basa en las declaraciones de su familia (sus sobrinos) y de colaboradores próximos: el padre Martín Patino, el padre Ángel García y el padre Jesús Infiesta, «que supervisaron el montaje y cambiaron alguna cosilla que les parecían de menor rigor». También, claro, en documentos escritos. Pero desarrolla una entretenida intriga, «se ve como una trama de carácter político».
El actor sostuvo ayer que el personaje le interesó «por muchísimas razones», y entre ellas, una no menor: Tarancón es «un hombre injustamente tratado. Se jubiló, se retiró a su tierra y desapareció, y los poderes lo olvidaron». Le atrae de él su sencillez humana. Era «un cardenal que se levantaba la sotana y se sentaba a fumarse un puro y a comerse una naranja con sus paisanos de la huerta». Lamenta que de un carácter tan rico quede ahora, en el recuerdo, prácticamente solo «una suerte de monolito en su pueblo», en Burriana.
Del cardenal aparecieron muchas pintadas en Madrid con la leyenda «Tarancón, al paredón», en 1974, tras el asesinato del almirante Carrero Blanco. Significativo. Preguntamos a José Sancho y a Antonio Hernández, de forma separada, si Tarancón «queda bien» en la serie. He aquí las respuestas, bastante coincidentes:
José Sancho: «Depende para quién. El cardenal Tarancón tenía muchos enemigos dentro del régimen de entonces y dentro de la Iglesia. Se trataba de contar lo que se sabe de él. Y no de inventarse cosas para que fuera más cinematográfico, como que espiara para la URSS o para la Italia de Mussolini».
Antonio Hernández: «Yo creo que en la película se entiende por qué no lo querían algunos, y se entiende por qué le querían otros. Tuvo graves enfrentamientos en el seno de la Conferencia Episcopal, cuando era su presidente, en un periodo muy peliagudo, en el que la Iglesia católica tenía que adoptar una actitud a favor o en contra de un proceso democrático. Tarancón se sostuvo porque gozaba del apoyo del Vaticano, de Juan XXIII primero y de Pablo VI después».



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