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Muere el poeta y editor Nicanor Vélez

Desde 1997 dirigía la imprescindible y valiosísima colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores

Día 28/12/2011 - 14.42h
Muere el poeta y editor Nicanor Vélez
amaya aznar

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Detrás de un gran libro, disimulada pero atinadamente se esconden muchas personas y oficios, muchos corazones que se encargan de que las palabras del autor no caigan editorialmente en saco roto. Es un trabajo lento, minucioso, a menudo silencioso y que la gran asamblea de los lectores no siempre conoce, aunque el resultado de ese esfuerzo casi siempre titánico lo tenga entre las manos.

Traductores, correctores, impresores ponen en negro sobre blanco lo que los ensayistas, los novelistas, los poetas, han dejado escapar de su imaginación. Pero alguien falta en este delicioso mecano de la literatura impresa, del libro que nos ayuda a caminar. Falta, sí, ya es hora de decirlo, el editor. El mariscal que tiene la visión de conjunto, el que decide, el que tiene mando en plaza literario, el estratega y también en el gourmet. Ellos crean las colecciones, ellos ordenan, revisan, recuerdan, desempolvan.

Uno de esos hombres sin los que nos sería imposible escuchar el campanilleo de las palabras se nos ha ido. Se llamaba Nicanor y tras dejar su Medellín natal se instaló en España. Se llamaba Nicanor, se apellidaba Vélez, y desde 1997 dirigía la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Letores, en la que a lo largo de estos años alumbraron los versos de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, José Ángel Valente, Gérard de Nerval, Jaime Gil de Biedma, Federico García Lorca, Octavio Paz, Pablo Neruda y Rubén Darío... Delicadísimo poeta también él, Nicanor nos deja tres preciosos poemarios «La memoria del tacto», «La luz que parpadea», y «La vida que respira», el recientemente publicado en editorial Pre-Textos.

Esa terrible enfermedad que todos conocemos y a la que todos tememos hasta el punto de no mencionarla quizá con el sueño de exorcizarla ha acabado con su vida a los 52 años de edad, de forma cruel y sibilina, sin que un solo momento Nicanor le volviera la cara y se defendiera de ella como un titán. Los que no teníamos la fortuna de la cercanía de su intimidad le conocíamos de manera profesional gracias a los encuentros, casi siempre desayunos, en el auditorio del Círculo de Lectores (Casa Ferreira, como solemos decir los colegas, por Lola, jefa de prensa de Galaxia, y el camarada Miguel Ángel), donde a menudo Vélez, de forma humilde y cercana, hacía de maestro de ceremonias en la presentación de los libros que en muchas ocasiones le debían a él media vida. Parecía serio, quizá demasiado, pero dramático es decirlo, ahora desgraciadamente lo sabemos, la procesión iba por dentro, muy adentro. Hasta siempre Nicanor, solo podemos quedarnos con tus versos que a estas horas estarán brincando por los cielos de tu Medellín: «Tus párpados se mueven y la vida / respira. / Algo de transparencia se consume. / El mundo / se refleja en tu piel / cuando el dolor es una herida, / por aquellos que azuzan / la avidez, la desidia y la ambición, / y olvidan ese cuerpo / otro. / Y es ahí, bajo el filtro / de toda transparencia, / donde se ve en el rostro ese dolor / de humana hembra. / A sí misma se crea la mujer / para engendrar al otro».

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