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Muy pocas veces ha sido tan difícil invertir. En 2011, prácticamente ninguna bolsa del mundo se ha salvado de los números rojos. Ni siquiera las emergentes. La renta fija se ha convertido en un activo peligroso, aunque se han salvado algunas deudas soberanas, como la británica, la alemana y la estadounidense. Posiblemente, la mejor parte se la hayan llevado las materias primas.
Los inversores terminan 2011 con la sensación de que no ha sido posible encontrar rentabilidad en ningún sitio. Y lo que es más: a medida que transcurría el ejercicio se ha hecho más complicado encontrar refugios seguros para el dinero. La renta fija, incluso la más segura, ha amagado con un pinchazo, al igual que el oro y divisas como el yen o el franco suizo.







