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«El tren de la democracia ya se lanzó y no va a parar hasta la estación de llegada. Quien intente pararlo a mitad de camino morirá». Mientras las piedras seguían volando en El Cairo y fuerzas de seguridad y manifestantes se enzarzaban por tercer día consecutivo en la batalla campal que ha dejado 10 opositores muertos y más de 450 heridos, las palabras de ayer de Abdelmoaiz Ibrahim, jefe de la Comisión Suprema Electoral, al anunciar los resultados parciales de los comicios legislativos sonaron ayer, cuanto menos, inquietantes.
El partido de los Hermanos Musulmanes, Libertad y Justicia (PLJ), sigue liderando los comicios, ya que podrían haber obtenido un 40 por ciento de los votos en la segunda fase según su propio recuento. Del oficial apenas se supo ayer la participación, algo menor al 67 por ciento si la junta electoral egipcia no decide corregirla —los datos de la primera fase se rectificaron dos veces—, y que sólo un candidato, familiar del asesinado presidente Anuar el Sadat, había conseguido escaño en las listas abiertas. Todos los demás deberán concurrir a una segunda vuelta.
Los resultados parciales de los comicios, que en la primera fase se siguieron con fervor, fueron deslucidos ayer por los enfrentamientos en los que sigue inmerso el centro de El Cairo. Junto a las ruinas de la incendiada Academia Científica, una víctima más de la violencia, manifestantes y fuerzas de seguridad —Policía y militares— continuaron ayer a pedrada limpia sin que los esfuerzos de varios grupos por conseguir un alto el fuego tuvieran efecto alguno.
Chivo expiatorio
Más de 180 personas han sido detenidas por ahora y han sido puestas a disposición de la fiscalía. Mientras, tanto el Gobierno como la junta militar y partidos como el PLJ o Al Nur, los salafistas que en la primera fase consiguieron una cuarta parte de los votos, siguen culpando a un enemigo invisible, una «tercera parte» interesada en crear una brecha entre las fuerzas de seguridad y el pueblo y en poner freno a la transición democrática, una «conspiración», como la ha denominado la junta militar al más puro estilo del antiguo régimen.
También los islamistas, que sienten ya el triunfo electoral cercano, suscriben esa teoría. «Reivindicamos que las fuerzas de seguridad descubran a los conspiradores que instigan los crímenes cada vez que nos acercamos a la estabilidad», apuntó el PLJ en un comunicado.
Los disturbios comenzaron el pasado viernes cuando el Ejército intentó desmantelar un campamento de protesta a las puertas del Consejo de Ministros, que exigía a la junta militar que entregue de inmediato el poder a los civiles. Diez personas han muerto por ahora, muchos de ellos por impactos de bala, mientras que los poderes fácticos de Egipto siguen negando que los militares hayan usado la violencia contra los manifestantes.









