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La lotería siempre le tocaba al alcalde

Con los 145 décimos premiados Miguel Zerolo (CC) compró una finca rústica en Tenerife por 52.000 euros y consiguió que se la permutaran por otra que vendió por 670.000

Día 18/12/2011 - 05.48h

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Yo tampoco me creo que Miguel Zerolo gane la lotería tan a menudo». Es el nombre de un grupo de Facebook que, con sorna, abandera de algún modo el sentir de los canarios tras el levantamiento del secreto de sumario del «caso Las Teresitas». Miles y miles de folios relativos a la investigación de la compraventa de los terrenos anejos a la playa homónima de Santa Cruz de Tenerife, investigación que ha dado lugar a una especie de novela picaresca con muchos protagonistas y capítulos: varios miembros de la familia de empresarios Plasencia (el patriarca preside la Federación Provincial de Entidades de la Construcción); otros tantos de los González (el cabeza de familia dirige la Cámara de Comercio); los periodistas Jorge Bethencourt y Lucas Valentín Fernández; el exconcejal Manuel Parejo; Emilio Fresco, ex portavoz municipal del PSOE; José Emilio García Gómez, ex portavoz del PP…, y así hasta superar una veintena de personajes más o menos públicos entre los cuales destaca el propio Zerolo, quien fuera alcalde santacrucero durante 16 años —desde 1995 hasta 2011— y hombre afortunado en los juegos de azar, tal como pone de manifiesto el sumario, al que ha tenido acceso ABC. No en vano en el mismo año, 2001, la diosa fortuna le sonrió por partida doble: resultó premiado consecutivamente en los sorteos de la Lotería de Navidad y de la Lotería del Niño, ganancias con las cuales llevaría a cabo una jugosa operación inmobiliaria.

Según la Unidad de Apoyo a la Fiscalía Anticorrupción, la compraventa de los terrenos situados a pie de playa fue «un pelotazo de libro» que, presuntamente, dejó pingües beneficios a los implicados. En una supuesta trama especulativa, el Ayuntamiento tinerfeño pagaría casi el triple de lo tasado por los terrenos (8.750 millones de pesetas solo por el frente de la playa), y parte del dinero iría a parar, a modo de comisiones, a los cargos públicos que validarían la operación con sus firmas. Del otro lado estaría la sociedad Inversiones Las Teresitas y dos de los empresarios más poderosos de la región: Antonio Plasencia e Ignacio González, los vendedores de las parcelas. Sin embargo, y desde hace semanas, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias viene retirando paulatinamente las acusaciones de cohecho que pesaban sobre algunos de los implicados, incluido el propio Zerolo, ex regidor nacionalista, de Coalición Canaria (CC), y ahora también senador. Continúan en el aire, eso sí, posibles delitos de prevaricación y tráfico de influencias.

Ocurra lo que ocurra, la publicación de las investigaciones ha destapado paradojas y comportamientos que no solo han supuesto una condena social de facto, sino además cierto descrédito judicial a los ojos de los ciudadanos. Motivo de esta indignación ha sido, entre otros muchos, la «fortuna» del nuevo senador de CC (en Ínsula Viable, la organización denunciante, creen que su interés por la Cámara Alta esconde una estrategia para dilatar el proceso judicial, en virtud de su condición de aforado), al menos la que le sonrió por partida doble en 2001.

En la pieza del sumario que lleva el nombre del exalcalde, se detalla cómo aquel año, diez décimos del número 61.941 le reportan más de 43.000 euros en premios de la Lotería de Navidad. Solo unos días después, 135 décimos del número 23.427 de la Lotería del Niño le dejan otros 14.605 euros. En definitiva, casi 60.000 euros en premios. El 18 de enero, Zerolo adquiere, por poco más de 52.000 euros, una finca rústica —que era propiedad de una anciana— situada en el municipio de Granadilla. Las sospechas de un presunto blanqueo de capitales cobran fuerza al considerar que el 31 de diciembre se constituye la sociedad limitada Meunque, de la que Zerolo es administrador y socio único. Meunque, reza la investigación, «no presenta ningún tipo de actividad económica y no posee la titularidad de cuentas bancarias». Su objetivo es la «tenencia de patrimonio», esto es, la tenencia de aquella finca.

Demasiada casualidad

La finca fue comprada con los premios de los sorteos, lo que llevó a los investigadores a subrayar que «es mucha concomitancia que tres días antes de la compra, que se presume la existencia de un período de reflexión y de negociación del precio con anterioridad, se ingresen unas cantidades en concepto de décimos premiados por aproximadamente la misma cantidad». El sumario añade que «también es mucha casualidad (la probabilidad es ínfima) adquirir diez y 135 décimos de dos sorteos consecutivos con un desembolso considerable, de 3.000 pesetas por décimo, que suman unas 435.000 pesetas —no había rastro en las cuentas bancarias—, y ser todos premiados».

Remata el estupor de los ciudadanos del archipiélago el hecho de que, previa declaración de una reserva natural especial, la finca acabaría siendo permutada por otros terrenos, los cuales Zerolo vendería por casi 670.000 euros, esto es, por diez veces más de lo invertido con los premios navideños.

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