Cine

Las críticas de los estrenos del 16 de diciembre

Día 16/12/2011 - 13.17h

«The artist» llega a la cartelera española junto a la cuarta entrega de «Misión Imposible» y «El futuro» de Miranda July

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«The Artist»

POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE

Ya no es una sorpresa, como cuando se presentó en el Festival de Cannes hace unos meses, y ahora lo sabe todo el mundo, incluido Hollywood: "The artist" es la película más luminosa y fascinante de los últimos años. Un prodigioso estruendo de cine mudo, un alarde de talento, expresión, emociones y gracias envuelto todo ello en un elogio a un arte que balbuceaba sin palabras y a unos actores que se comían la pantalla con los ojos. El cine como se hacía entonces, pero hecho ahora con toda su modernidad por un francés, Michel Hazanavicius. La historia de una estrella del cine mudo, George Valentin, que se enfrenta a la llegada del sonoro es una metáfora viva y palpitante de cualquier ser humano ante la velocidad del mundo, su incesante transformación... La puesta en escena es sorprendente, está rodada allí y entonces, como horneada en aquellos fogones del viejo Hollywood, en su mismo aire y su propio aroma. Consigue Hazanavicius inocular su preciosa historia sobre el romance del mundo con las estrellas del cine de un espíritu crepuscular (el del cine que muere) y al tiempo de una temperatura y color de amanecer (el de la aurora del cine) con el simple choque romántico y artístico entre su pareja protagonista: la irrupción de Peppy Miller, ella, en la pantalla, en la historia y en el cine es un alboroto visual y silencioso, un precedente de lo que décadas después se conocerá como un "efecto especial". En cuanto a la pareja de actores, Jean Dujardin y Bérénice Bejo, es la mejor apología al talento y la fascinación que un plano corto, o largo, puede expresar. Hay tantas escenas inolvidables, tantos momentos de cine puro y grande, que "The artist" queda condenada a perpetuidad a ser una de esas obras que te obligan a amar el cine. Muda, sí, pero imposible no oírla..., e imperdonable no verla.

«Misión imposible: protocolo fantasma»

POR O. R. MARCHANTE

"¿A quién va a creer usted, a mí o a sus propios ojos?", diría Groucho Marx al salir de "Misión imposible 4", porque no hay otro modo de convencer al espectador de que en las primeras escenas no hacen estallar por los aires el Kremlim. El agente Ethan Hunt, personaje que interpreta con la jovialidad y la turgencia de un veinteañero Tom Cruise, se empeña una vez más en ser él quien salve al mundo del desastre. Ni James Bond, ni Bruce Willis, ni Green Peace... El director de "Ratatuille", Brad Bird, cocina en esta ocasión un plato que haría llorar de felicidad y empacho, no ya a Atom Ego, sino a cualquier crítico de cine a régimen. Esta entrega de la serie, como las anteriores, pertenece a ese subgénero del "tic-tac" o "cuenta atrás", o sea, películas que cuando empiezan no hay modo de pararlas como a aquel Mike Tyson del diente de oro. Ni Brad Bird, ni Tom Cruise ni su nuevo equipo (Paula Patton tiene un torso que haría palidecer al del propio Tyson), levantan el pie del acelerador para ver el paisaje o el paisanaje: la película cruza veloz por medio mundo, de Budapest a Moscú, de Dubai a la India, sin que penetre en ella el menor síntoma de lugar o gentes ajeno a su propia historia... Sobre esa impermeabilidad que consigue este tipo de cine se podría desarrollar una teoría sobre la globalización: da igual dónde y qué ocurre, porque el país en el que se desarrolla el argumento es ése, "misión imposible". Allí, la frase de Groucho Marx adquiere todo su sentido: creer en lo increíble, superar lo insuperable, vencer lo invencible y expugnar lo inexpugnable. Y en ese terreno, "Misión imposible 4" es imbatible, pues está llena de momentos, de situaciones y secuencias de una espectacularidad a prueba de lógica y que cumplen esa función de hipnotizar y entretener al espectador hasta que el chasqueo de la palabra "Fin" lo despierta. Pero, lo cierto es que, por muy rápido que sea uno en digerir esta cuarta entrega, más lo es aún Tom Cruise en preparar la siguiente.

«El futuro»

POR O. R. M.

Es un ejemplo de película "personal", tan "personal" que casi podría considerarse como una prolongación argumental y estética de su autora, Miranda July, a la que se suele definir como artista multidisciplinar. Lo más apreciable de "El futuro" es su absoluta voluntad por salirse del molde de sí misma, es decir, de película romántica y moderna que mira de frente lo que de comedia y de drama tiene la vida de sus personajes, una pareja que decide tener un gato y que viene a ser algo así como el intento de dar una doble pirueta hacia la madurez y caer de pie. El tono que busca la directora ansía tanto la originalidad como la perplejidad, y que se acceda al alma de la historia a través del punto de vista del gato es la mejor prueba de ello. Contiene elementos, ideas y sentimientos llenos de ingenuidad y lucidez sobre el corcho de la vida, pero también otros más fatigosos y "modernuquis". Miranda July, que es además la protagonista, produce algo parecido a ese efecto "repetir" de ciertas comidas.

«Hollywood Talkies»

POR O. R. M.

Una voz en "off" y una mezcla de imágenes de paisajes y de fotografías antiguas pretenden narrar la peripecia de aquellos actores españoles que fueron a Hollywood en los años treinta para trabajar en las versiones dobladas de las películas americanas. La época y las circunstancias se prestaban a un relato vivo, espumoso y lleno de sentido del humor, pues tanto el grupo como cada uno de los personajes (Pepe Nieto, Miguel Ligero, Catalina Bárcena, Ernesto Vilches y otras figuras de la escena y la literatura como López Rubio o Gregorio Martínez Sierra) tienen la personalidad y los mimbres para ello. Los guionistas y directores, Óscar Pérez y Mia Ribot, optan por un retrato frío, desapasionado y que vacía de interés y gracia al fracaso de la aventura.

«El mundo que fue y el que es»

POR J. CORTIJO

Con tesón bohemio y «juanpalomero», Pablo Llorca lleva años defendiendo su título de cineasta ajeno a modas y capillas. Por ello nos encaja el viraje político (o a ratos politicón) que toma su último filme, via crucis de unos comunistas en la España gris de ayer y anteayer. Al admirable detallismo carcelario le pesa el subrayado panfletario y flojas escenas de acción. Tan curioso como descubrir a algún crítico veterano en su reparto (y no es Pumares).

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