Sociedad

Sociedad / gesto de deshielo parcial

El gobierno chino permite la ordenación de un obispo aprobado por el Papa

Se limitó a imponer la asistencia de un obispo «patriótico» excomulgado

Día 30/11/2011 - 19.22h

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En un gesto de deshielo parcial, el gobierno chino permitió que tuviese lugar el miércoles en Yibin, provincia de Sichuan, la ordenación episcopal de un candidato aprobado tanto por Pekín como por el Papa, aunque impuso que participase en la ceremonia un obispo «patriótico» ilegítimo, excomulgado el pasado mes de junio.

Continuando su política de dar una de cal y otra de arena, el gobierno chino ha permitido una ordenación legítima después de haber organizado la ordenación de obispos ilegítimos en Leshan, el pasado 30 de junio, y en Shantou, el 14 de julio, añadiendo esos dos nuevos abusos al cometido en Chengde el 19 de noviembre de 2010. En un desafío abierto al Vaticano, Pekín ha anunciado que piensa ordenar unos cuarenta obispos, escogidos por las autoridades políticas, con independencia de que tengan o no el visto bueno del Papa.

El sacerdote Pedro Luo Xuegang, ordenado obispo coadjutor de Yibin el miércoles, contaba con la aprobación del Papa, confirmada la pasada semana por el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, quien pidió encarecidamente que no participase en la ceremonia ningún obispo ilegítimo.

Pedro Luo Xuegang recibió la ordenación episcopal de manos de su propio superior, el obispo de Yibin, Juan Chen Shizong, de 95 años, que también está en comunión con el Papa. Al haber sido nombrado obispo coadjutor con derecho a sucesión, Luo tomara automáticamente el relevo al frente de la diócesis de Yibin.

En esta ocasión, el gobierno chino se limitó a imponer la presencia en la ceremonia del obispo ilegítimo de la vecina diócesis de Leshan, Pablo Lei Shiyin, de la Iglesia «patriótica», ordenado obispo el pasado mes de junio sin permiso del Papa y excomulgado automáticamente. El Vaticano condenó de modo especialmente duro esa ordenación ilegítima ya que el gobierno obligó a participar en la ceremonia a varios obispos legítimos unidos al Papa.

Compleja situación

El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, manifestó el miércoles que en el caso de Yibin «todos los consagrantes han sido obispos en comunión con el Santo Padre, excepto Lei Shiyin, de Leshan». Según el padre Lombardi, «después de tres recientes ordenaciones sin mandato pontificio, contar con un nuevo prelado en comunión con el Papa y con todos los obispos católicos del mundo es ciertamente positivo». No lo es, en cambio, «la participación del obispo ilegítimo que, como es sabido, se encuentra en la situación canónica de persona excomulgada» y que ha incurrido en un nuevo acto de desobediencia al participar en la Eucaristía.

La compleja situación de los doce millones de católicos en China, repartidos más o menos a partes iguales entre la Iglesia oficial y la Iglesia clandestina, sigue sin normalizarse, debido a las continuas intromisiones del gobierno. En la práctica, muchos candidatos al episcopado aceptables para Roma empiezan a navegar entre dos aguas, como es el caso del nuevo obispo de Yibin, que preside la Asociación Patriótica Católica, es decir, la Iglesia «patriótica» de su diócesis, y hace continuas manifestaciones de nacionalismo religioso.

Pedro Luo Xuegang, tiene 47 años, y fue elegido para obispo por los sacerdotes de la diócesis de Yibin. A continuación recibió el visto bueno tanto del gobierno chino como del Papa. Aunque ninguna cifra es segura, una gran mayoría de los obispos de China, incluidos buena parte de los nombrados por el gobierno, están en comunión con la Santa Sede. Por desgracia sigue siendo muy frecuente el arresto de obispos «clandestinos», la limitación de sus movimientos y actividades, e incluso el envío de obispos y sacerdotes a campos de trabajos forzados, llamados «de reeducación por el trabajo».

En paralelo a una política de «ducha escocesa» respecto al Vaticano, el gobierno de Pekín insiste en estar dispuesto a reanudar las relaciones diplomáticas, rotas por el régimen comunista en 1951, siempre que la Santa Sede rompa sus relaciones con Taiwán y renuncie a «entrometerse en los asuntos de China», incluido el gobierno de la Iglesia católica de ese país.

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