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Más allá de las primeras palabras protocolarias, la jornada de apertura de la cumbre del clima en Durban sirvió ayer para poner de manifiesto las dificultades para que de esta ciudad sudafricana salga un compromiso útil para el medio ambiente mundial.
Estados Unidos y China mostraron ya desde el primer día las posturas encontradas entre los países más contaminantes del planeta, que ponen muy cuesta arriba que los 20.000 delegados de 200 países que se dan cita alcancen un acuerdo que pueda bajar al terreno de los hechos las buenas palabras de las fallidas cumbres de Copenhague, en 2009, y de Cancún, en 2010.
La Unión Europea, que se ha arrogado el papel de adalid contra las emisiones de gases de efecto invernadero, no solo intenta que el Protocolo de Kioto, firmado en 1997, no se quede en papel mojado, sino que sostiene que hace falta un plan mucho más ambicioso. «Kioto solo, por sí mismo, no puede salvar el planeta», aseguró ayer el negociador europeo, Artur Runge-Metzger. Sin embargo, como la propia UE reconoce, cualquier acuerdo carecería de sentido si no lo firman la mayor parte de los emisores de gases.
Sin embargo, los mayores emisores de gases no se ponen de acuerdo. China, responsable en la actualidad de la cuarta parte de las sustancias contaminantes que llegan a la atmósfera, no se mostró ayer «muy optimista» sobre los resultados de la cumbre, según admitió el representante del gigante asiático, Su Wei, quien añadió que «al menos en los países desarrollados, la UE ha dicho estar dispuesta a considerar el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto», al que se refirió como «la piedra angular del régimen climático». «Un segundo periodo de compromiso es la prioridad esencial para el éxito de la conferencia de Durban», agregó.
«Kioto, cosa del pasado»
Entre tanto, EE.UU. sigue poniendo condiciones a la asunción de compromisos y exige que China y el resto de las grandes economías emergentes también den el paso. «La estructura de una acuerdo legal en el que nosotros estemos limitando las emisiones y no lo hagan aquellas economías (emergentes) no es sostenible», aseguró el negociador de Washington, Jonathan Pershing. Su vecino del norte, Canadá, no fue menos conciliador. El ministro de Medio Ambiente, Peter Kent, se refirió al protocolo de Kioto como «una cosa del pasado», aunque no llegó a confirmar si su país se retirará del protocolo. En todo caso, su firma fue, a su juicio, «una de las mayores equivocaciones» del entonces gobierno liberal.
En la apertura de las sesiones, el presidente sudafricano, Jacob Zuma, advirtió de lo mucho que se juega el mundo. «Ya no es sólo un desafío medioambiental, sino un desafío para el desarrollo» que, para muchas personas, añadió en tono dramático, es «cuestión de vida o muerte».
La ministra de Asuntos Exteriores de México, Patricia Espinosa, parafraseó al presidente de su país, Felipe Calderón, para recordar la dificultad clave para el descencuentro existente: «El reto es poder encontrar y diseñar aquellas políticas públicas que siendo eficaces para reducir el cambio climático sean también económicamente viables».
Los delegados de la cumbre pudieron comprobar de cerca los trágicos efectos del clima cuando se vuelve violento. En la víspera de la apertura, una troma de agua inundó unas chabolas en la misma Durban y acabó la vida de al menos cinco personas, que testimonios sin confirmar elevan hasta diez, informa Ap.




