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Hay muchas razones para cantar y no todas se relacionan con las ganas de celebración. En el sur de Estados Unidos, por ejemplo, la magnífica tradición del gospel, los famosos espirituales negros, se vincula tanto a una moral de resistencia colectiva como a la adoración del buen Dios, que otorga consuelo a los fieles ante una vida de miseria y esclavitud. No se trata de una metáfora, pues este Madrid de Alabama, junto a la frontera estatal con Florida, se halla a solo dos horas de Montgomery, capital del famoso estado algodonero.
Aunque la composición étnica de la región se ha transformado con la llegada de hispanos, todavía entre los 350 vecinos de este Madrid sureño, una villa así llamada en homenaje a la capital de España, hay un 20% de hogares formados solo por afrodescendientes y el predominio de los baptistas (70%) es abrumador. Los católicos representan el 5%.
Tiene solo cinco kilómetros cuadrados. Pero el tamaño no importa. La población, con una edad media de 34 años, ha crecido en la última década un 12% y la diversificación económica ha sido una respuesta a las condiciones de pobreza y reconversión, desde una economía agrícola hacia otra de servicios, transporte y construcción. El desempleo es de un 8%.
El clima es agradable. No nieva nunca y las temperaturas oscilan entre 6º y 28º. En este Madrid las calles reciben nombres de raigambre rural, las hay de la avena y del pino, pero también del comercio o El Dorado. La carretera 231 es la arteria principal que la une con Dothan, a un cuarto de hora de camino, capital mundial del cacahuete, precioso fruto al que han dedicado un singular monumento. También celebran en noviembre un festival anual con elección de «misses» y premios para las mejores decoraciones de pasteles con cacahuetes.



