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A los pies de Eduardo Barrón

Zamora rinde homenaje a unos de sus escultores más reconocidos en el centenario de su muerte

Día 28/11/2011

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Zamora, al fin, se rinde a los pies de uno de sus mejores escultores: Eduardo Barrón. El pasado 23 de noviembre se cumplió el centenario de su fallecimiento. Murió joven, a los 53 años, sin embargo, su legado es amplio y fue muy reconocido en la época en la que le tocó vivir, el siglo XIX. Cien años después, su tierra le recuerda.

La semana pasada la familia de Barrón acudió al Museo Provincial de Zamora para visitar la obra más significativa del artista: «Nerón y Séneca», que en septiembre depositó el Museo del Prado. Una imponente pieza de escayola de 1904 que muestra a Séneca instruyendo a Nerón—del que era tutor— es el grupo escultórico más conocido del artista, que recibió la medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes ese mismo año. En esta obra está representado .

«Eduardo Barrón: su vida y su obra», es el título del ciclo de conferencias que se desarrollarán en Madrid durante el primer trimestre del 2012 en memoria del escultor. Está previsto que participen en las ponencias la jefa del departamento de Escultura del Museo del Prado, Leticia Azcue; así como los responsables de la restauración de «Nerón y Séneca», Ricardo Flecha, Miguel Angel Mateos, Alejandro Belaústegui y Evaristo Muñoz Barrón (nieto del artista).

Por su parte, el Museo Provincial de Zamora albergará el grupo escultórico hasta los tres primeros meses del próximo año y será la pieza protagonista en el espacio museístico. Este programa de actividades fue presentado por el director general de Políticas Culturales de la Junta de Castilla y León, José Ramón Alonso, en presencia de los familiares.

Origen Humilde

Mientras se han ido conociendo las fechas y las actividades conmemorativas, en Zamora los artistas contemporáneos han hablado mucho de Eduardo Barrón. Uno de los que más ha estudiado en los últimos tiempos su figura ha sido Ricardo Flecha, también escultor y profesor de la Escuela de Artes de Zamora. «Nació en Moraleja del Vino (Zamora) en una familia muy normal, se quedó huérfano con 14 años y vivían del sueldo de su hermano que era zapatero», y aunque esto suene a «novela barata» son los verdaderos orígenes de un hombre que llegó a «lo más alto que puede llegar un artista», señala.

Tal es así que es el único escultor zamorano que «está en la Academia de las Bellas Artes de San Fernando, aparece en los libros de historia y su nombre es conocido fuera de aquí». A pesar de haber nacido en un pequeño pueblo zamorano y de provenir de una familia «muy corriente», a Eduardo Barrón «le viciaba dibujar y hacía grafitis y garabatos por todas partes». Esa necesidad de crear no pasó desapercibida, explica Flecha. Corría el año 1872 cuando el gobernador civil visitó Moraleja del Vino y se topó con Barrón y sus dibujos. «Le impresionaron mucho y decidió que era un artista en potencia». A partir de ese momento, el político se reunió con el médico del pueblo y con un vecino «para intentar dar una carrera de artes al chaval». Después, el banquero zamorano Anastasio Cuesta decidió poner su granito de arena para que Barrón pudiera perfeccionar su técnica. «Le pagaba este filántropo tres pesetas diarias para que se pudiera desplazar hasta Zamora y que en la capital estudiara el Bachillerato de Artes que impartía Ramón Álvarez». Este profesor observó importantes cualidades en él y «lo adoptó para su taller». Es decir, el chaval había conseguido convencer a un gobernador civil, a un médico, a un vecino y a un banquero para que le pagaran sus estudios, y también «se metió en el bolsillo a Ramón Álvarez», a quien estuvo ayudando en su taller.

El Bachillerato finalizó y Barrón quiso ampliar sus conocimientos en Roma. En ese momento, Zamora se volcó con su paisano. «Aunque aún tenía una beca de la Diputación provincial, los vecinos de Moraleja pusieron dinero de sus bolsillos para que pudiera estudiar. Unos 5 pesetas, otros 50 y algunos hasta 100 pesetas», comenta admirado Ricardo Flecha.

El autor de «Nerón y Séneca» alcanzó «el gran éxito gracias a todos los zamoranos». Cien años después de fallecer, su pueblo natal le ha rendido homenaje reconociéndole Hijo Predilecto, además de una calle que lleva su nombre. En la capital, una de sus obras, «Viriato», da nombre a la plaza en la que se asienta el Parador de Turismo y la Diputación.

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