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De rebeldes a ciudadanos en el Congo

En la última década, cerca de 10.000 ex combatientes de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda han sido repatriados desde el Congo

Día 27/11/2011 - 12.26h

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El ejercicio numérico es del todo simple. Imagínese una región como la Comunidad Valenciana y, en el espacio de apenas quince años, cercene a la práctica totalidad de su población. Esto es República Democrática del Congo, país que mañana se enfrenta a unos comicios presidenciales que, a buen seguro, supondrán la reelección del mandatario Joseph Kabila.

Las cifras no son menores. Desde 1998, al menos cinco millones de personas han perdido la vida en un conflicto -el del Congo-, enquistado por los decenas de grupos rebeldes que operan al este del país. Una infamia moral, eso sí, plagada de héroes. Porque en el Purgatorio también hay esperanza.

“Nuestra misión se centra en que los actuales rebeldes hutus de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) se incorporen a la vida civil”, asegura a ABC Helder Costa, jefe del programa de Naciones Unidas para el Desarme, Desmovilización, Reintegración, Repatriación y Reasentamiento de grupos armados en Sur Kivu.

Un proceso nada sencillo

El proceso, lo cierto, no resulta del todo sencillo. En la actualidad, el FDLR -un grupo rebelde formado, en gran parte, por ex miembros de la guerrilla 'Interahamwe', quienes llevaron a cabo el genocidio de Ruanda y se refugian ahora en el este del Congo- está acusado de orquestar las más cruentas agresiones contra los derechos humanos en la región. Entre ellas, la violación el pasado año de al menos 500 mujeres en la ciudad de Luvungi.

“En los últimos meses, hemos visto cómo miembros interesados en dejar el grupo eran pasados a cuchillo por los líderes de la milicia”- señala Costa-. “La coacción es brutal”.

Etienne (nombre modificado para evitar represiones) es uno de ellos. Su edad (cerca de 30 años) corresponde a la perfección con el perfil de los nuevos combatientes: ex niños soldado que en 1994 llegaron al este del Congo con sus progenitores.

“Algunos ya estamos cansados del fusil y la violencia. Solo queremos vivir en paz”, reconoce este ex rebelde, quien junto a su familia se ha acogido a la amnistía proporcionada por el Gobierno ruandés. ¿Su esperanza? Del todo simple: una nueva vida. Tras deponer las armas, Etienne realizará un curso de tres meses en Ruanda (dedicado a borrar las heridas psicológicas) para, posteriormente, incorporarse a la vida civil en su país de origen.

“La base del proceso es el perdón de todas las partes. Desde 2002, hemos logrado repatriar a cerca de 10.000 ex combatientes ruandeses”, señala Costa. Aunque, a veces, las sinergias jueguen en contra.

Sin esperanzas de solución

“El verdadero problema son los intereses cruzados al este del Congo. La comunidad internacional no tiene una verdadera disposición en acabar con el conflicto”, reconoce a este diario el coronel congoleño Baliwa Flamand.

No es para menos. Pese a su beligerancia, las estimaciones más realistas establecen que, en la región, tan solo operan entre cinco y seis mil rebeldes congoleños (ligados a cerca de 17 milicias), así como tres mil combatientes ruandeses (en su mayoría, del FDLR). Eso sí, sus negocios no son menores.

En 2005, un informe de Human Rights Watch denunciaba que la sudafricana “AngloGold Ashanti” subvencionó a la milicia congoleña Frente Nacionalista e Integracionista para garantizar la protección de la mina de oro de Mongbwalu. En sus alrededores, cerca de 2.000 personas fueron masacrados. De igual modo, los rebeldes Mai Mai controlan buena parte de los yacimientos de coltán, un mineral utilizado para la fabricación de equipos electrónicos. Y con el 80% de las reservas mundiales en el Congo, los clientes no faltan.

“Si esto fuera un enfrentamiento abierto, hace tiempo que los grupos rebeldes se habrían acabado. Sin embargo, tanto la orografía del terreno como la falta real de compromiso por parte de Occidente, impiden un mayor éxito de nuestra misión. Hasta que no se acabe con su financiación, la infamia continuará”, denuncia Flamand.

Y en el horizonte, tan solo nubarrones. Sobre todo, ante los crecientes rumores que sitúan al ex líder del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, Laurent Nkunda (quien se encuentra detenido en Ruanda desde 2009), como nuevo jefe del Ejército congoleño, en caso de que el presidente Joseph Kabila sea reelegido en los comicios de mañana.

“Si esto se produce, todos nuestros esfuerzos habrán sido estériles. El conflicto volverá a recrudecerse”, reconoce Helder Costa.

En juego, algo tan simple como el futuro de Etienne.

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