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Hemeroteca / DÍA DE LA LUCHA CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO

«Ordené que cogieran palos y se llevaran a las muchachas»

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El brutal asesinato de las hermanas Mirabal por orden del dictador Trujillo, el 25 de noviembre de 1960, conmemora cada año el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer

Día 25/11/2011 - 12.36h
«Ordené que cogieran palos y se llevaran a las muchachas»
Dos de la hermanas Mirabal, asesinadas por Trujillo
El 25 de noviembre de 1960, los cuerpos de las tres hermanas Mirabal se encontraron en el fondo de un acantilado en la costa de la República Dominicana. Aquel acontecimiento -que fue vendido a la prensa como un trágico accidente por parte de Trujillo, el dictador que dio la orden de acabar con ellas- conmemora cada año en esta fecha el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1999, a propuesta de la República Dominicana con el apoyo de 60 países

El brutal asesinato a garrotazos de Patria, Minerva y María Teresa hizo que las hermanas se convirtieran en auténticas heroínas de la lucha clandestina antitrujillista, contribuyendo a despertar la conciencia entre la población, que culminó en el asesinato del caudillo.

Las hermanas nacieron y crecieron en el seno de una familia rural acomodada en el paraje de Ojo de Agua, en Salcedo, el municipio más importante de la provincia que se rebautizó más tarde, y en honor a ellas, con el nombre de Hermanas Mirabal.

Desde muy temprano mostraron interes por los estudios, dedicando gran parte de su corta vida a luchar por la libertad política de su país, oponiéndose firmemente a una de las tiranías más opresoras y duras que tenía Latinoamérica: la de Rafael Leónidas Trujillo, conocido también como «El Jefe», «El Generalísimo», «El Chivo» o «El Chapita», por su afición desmedida por las condecoraciones.

«Las mariposas»

Trujillo les había arrebatado casi toda la fortuna a su familia cuando llegó al poder. Entonces, Patria, Minerva y Maria Teresa, también conocidas como «Las Mariposas», decidieron formar el grupo de oposición «Agrupación Política 14 de Junio», convencidas de que el dictador llevaría el país a un auténtico caos.

A causa de su persistente actividad rebelde, fueron encarceladas y torturadas en no pocas ocasiones, a pesar de los cual decidieron continuar luchando con el único objetivo de acabar con la dictadura.

Cuando «El Chivo» comprobó que la cárcel no era suficiente para detener aquella actividad clandestina, a la que se iban uniendo cada vez más adeptos, decidió acabar con ellas. Eran los últimos años de la década de los 50, en los que se estaba despertando una fuerte inquietud social en toda América Latina, con la caída de varios dictadores y el triunfo de Fidel Castro.

Las hermanas Mirabal habían comentado a sus maridos, en una visita a la cárcel donde se encontraban recluidos, los rumores que circulaban en Salcedo sobre la posibilidad que sufrieran un «accidente», como se denominaba entonces a la manera que utilizaba el régimen de ordenar la desaparición de un opositor, con la supuesta intención de ocultar el crimen.

Camino de Puerto Plata

Uno de los esposos, Manolo, sugirió que debían acabar con los viajes y marcharse a Puerto Plata para evitar el paso por las carreteras. Pero ya era tarde: la orden de asesinar a las hermanas ya había sido dada.

Cinco miembros del Servicio de Inteligencia Militar detuvieron el jeep en el que regresaban de la prisión, las introdujeron a empujones en un coche y las llevaron a un lugar previamente escogido, cerca de La Cumbre. Eran aproximadamente las 19.30 horas.

Allí mismo las mataron a golpes y colocaron sus cadáveres en el jeep, antes de arrojarlo por un precipicio.

Ciriaco de la Rosa, uno de los asesinos, lo contaría más tarde: «Después de apresarlas, las condujimos al sitio cerca del abismo, donde ordené a Rojas Lora que cogiera palos y se llevara a una de las muchachas. Cumplió la orden en el acto y se llevó a una de ellas, la de las trenzas largas (María Teresa). Alfonso Cruz Valerio eligió a la más alta (Minerva), yo elegí a la más bajita y gordita (Patria) y Malleta, al chofer, Rufino de La Cruz. Ordené a cada uno que se internara en un cañaveral a orillas de la carretera, separadas todas para que las víctimas no presenciaran la ejecución de cada una de ellas […] Traté de evitar este horrendo crimen, pero no pude, porque tenía órdenes directas de Trujillo y Johnny Abbes García. De lo contrario, nos hubieran liquidado a todos».

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