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Vivir de sofá en sofá

¿Cómo superar una crisis personal? En Nueva York experimentan con el «surfing» de sofás, una práctica nómada para invitados contumaces

Día 23/11/2011

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«Tengo colchón, necesito suelo». Con esa frase en su tarjeta se presenta Ed Casabian, también conocido como el nómada de Nueva York. Este treintañero originario de Massachussets decidió embarcarse hace 15 meses en un proyecto con el que olvidar un bache personal reciente. Ed acababa de regresar a Nueva York tras un año trabajando fuera de la ciudad. A su regreso, la que había sido su novia durante 7 años, y su principal razón para volver, puso fin a la relación. «Pensé en aquello que me hacía feliz y lo primero que recordé fueron mis viajes por el mundo y la gente que había conocido», explica. Ed, quien había viajado por el mundo haciendo «couchsurfing», se preguntó si podría hacer lo mismo en Nueva York: alojarse cada cierto tiempo con gente diferente.

Tratando de definir su proyecto se dio cuenta de que por su trabajo solo podría mudarse durante el fin de semana y que vivir con alguien más de 7 días era un abuso de confianza. Con esas dos premisas arrancó su experimento: vivir cada semana en un barrio diferente de Nueva York durante un año. 52 barrios era su meta, y los medios para conseguirlo, el boca a boca y las ofertas de alojamiento en su página web.

En el tiempo que lleva migrando por la Gran Manzana, Ed se ha acostumbrado a transportar su vida en tres mochilas y una maleta. «Lo que no podía llevar conmigo lo dejé en casa de mis padres», explica. Para lo demás, se apaña como puede, deshaciéndose y comprando cosas según van cambiando sus necesidades. Pero si hay algo que este transeúnte añora de su vida anterior es la sensación de «volver a casa», especialmente después de pasar una noche de fiesta o estar de viaje en alguna otra ciudad.

Ed reconoce que el aspecto en el que más ha cambiado su vida es cómo emplea su tiempo libre. «Ahora mi vida es más social y la comparto con mucha gente», explica, ya que en esta etapa ha buscado conocer personas con las que intercambiar historias y que le ayuden a descubrir los lugares ignotos de la ciudad.

La etapa de nomadismo de Ed, que ya es fuente de inspiración para otros, se encuentra a punto de concluir. Está tardando más de lo esperado porque ha tenido algunos imprevistos. Repetidas estancias en los mismos barrios —en su blog se llama «tramposo» por quedarse dos semanas en Park Slope— y viajes al extranjero han retrasado la llegada del día en que Ed abandone su último refugio como nómada. Ahora le faltan tan solo un puñado de barrios y espera haber terminado para cuando llegue lo más duro del invierno. Confiesa resignado que si no consigue ninguna invitación tendrá que recurrir a webs de alojamiento temporal por los que hay que pagar, algo que rompería la dinámica que ha llevado hasta ahora. Pero eso no significa que no pueda hacerlo, ya que su finalidad sigue siendo que cuando llegue el domingo, haya un nuevo destino al que dirigirse.

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