Galicia

Galicia / entre brumas

El día después

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Día 22/11/2011

GALICIA, en el cuarto año de la crisis y tras convivir más de dos con un Gobierno central manifiestamente hostil, inicia la nueva etapa política a las puertas de la recesión económica. Nuestro PIB en el tercer trimestre de 2011 ha dado encefalograma plano, al igual que el resto de España, mientras nuestro crecimiento interanual no ha pasado de un raquítico 0,6 % frente al 8% de la media estatal.La macroeconomía no puede esconder ya la tragedia personal, aumenta el paro, baja el consumo, también la formación de capital y casi cualquier otro parámetro que se quiera medir.

Si repasamos el año que estamos por despedir, diríase que en buena hora, comprobamos sin esfuerzo la pérdida de influencia empresarial que Galicia ha venido sufriendo a través de los movimientos de capital en R, Audasa, Fadesa, el sector pizarrero, la perenne crisis del naval, la no menos permanente de las lecheras y, como guinda, la reciente absorción del Banco Pastor por el Popular.

Envuélvase todo esto en el celofán global de la prima de riesgo y la crisis de la deuda y terminaremos de pintar un paisaje definitivamente desolador, que nos indica que, ya que apenas queda nada por derruir, no resta sino apuntalar ruinas y comenzar a edificar sobre el erial en que nos hemos instalado.

Venimos de una campaña electoral en la que hemos tenido que escuchar más sandeces que nunca, hay quien todavía ha propuesto dilatar pagos y endeudar más al Estado en una suerte de plan E redivivo, mientras se mantiene el camino del dispendio y la subvención generalizada. Si se pretende que todos vivamos del Estado, ¿quién demonios fabricará los tornillos, o las bombillas, o alguna cosa susceptible de comercializarse, única manera de obtener los beneficios vía impuestos que nos permitan pagar los servicios básicos?

Aquí, amigos, no queda otra que remangarse y ponerse a trabajar, procurando, si se puede, no mantener todos los huevos en el mismo cesto. Innovar, crear, diversificar, volver a hacer todas aquellas cosas que parecemos haber olvidado, con iniciativa y determinación, no queda otra.

Esto es El Álamo y estamos rodeados, se impone la resistencia a los envites de las legiones de salvadores sociales que, a falta de mejor perspectiva, usan de la política para impartir doctrina, sembrar moral y repartir como mejor les parece la dádiva, en vez de administrar el país sin ruido y con cierta eficacia, que es lo único para lo que se les contrata. Al fin, satisface recordar que los cañones de Santa Ana nada pudieron contra la confianza en sí mismos de un puñado de resistentes. Habrá pues, que reivindicar sin temor el derecho a existir de los que creemos en el esfuerzo, el mérito y la libertad individual, nos va el futuro en ello.

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