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«Lorenzo ha sido abuelo y ganador del Euromillones, pero es el primero en llegar al trabajo»

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El conserje de un instituto cacereño vio nacer a su nieto Daniel y repartió 250.000 euros en su familia el mismo día, con espacio de dos horas. Los padres del bebé, su hijo Javier y su novia María, estaban en el paro y vivían con los padres de ella

Día 16/11/2011 - 11.35h
rtve
La joven pareja recibió este lunes el alta hospitalaria, después de que María diese a luz en la noche del viernes
Javier Bravo, el hijo de Lorenzo, muestra el boleto premiado
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En casa de Lorenzo Bravo no cogen el teléfono. Quizás estén abrumados por las numerosas llamadas que reciben desde el pasado viernes, 11 de noviembre. Fue el día de la suerte en este humilde hogar cacereño, cuando a él, a su hijo Javier, de 23 años, y su pareja, la joven María Moreno, de solo 19 años, les tocó el segundo premio del Euromillones, un cuarto de millón de euros a repartir entre las tres parejas (Lorenzo y su mujer, y sus dos hijos) que habían costeado los seis euros del boleto. Pero la fortuna entró por la ventana dos horas después de que María alumbrase a su primer hijo, que más que nunca cumplió con aquello del bebé que llega con un pan debajo del brazo porque sus padres están en paro y viven en casa de los hijos de María.

El bebé Daniel llegó al mundo a las 22.15 horas del pasado viernes en el hospital cacereño de San Pedro de Alcántara. En pleno estallido de alegría, sus padres conocieron que eran ganadores de 84.000 euros, caídos por sorpresa, así que en declaraciones a TVE, lo primero que desearon es comprarse una casita para tener su «nido» de amor y darle un techo propio al recién llegado a la familia.

Mientras ellos hacen planes para una nueva vida próspera, el abuelo del pequeño, Lorenzo, sigue acudiendo a su puesto de trabajo como ordenanza en el Instituto de Enseñanza Secundaria El Brocense de Cáceres. Sus compañeros dicen que lejos de tomarse unos días de vacaciones, como sería un deseo del común de los agraciados por un suculento premio, «el lunes acudió el primero a trabajar», antes de las 9.00 horas ya estaba en el tajo. Trabaja mucho y bien «como siempre», «con la misma humildad», sin que sus conocidos hayan notado ningún síntoma de que es bastante más rico desde el viernes. No ocurre lo mismo con el nacimiento de su nieto, que le ha dibujado una perenne sonrisa «de oreja a oreja». Claro que es una sonrisa más afortunada.
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