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Berlusconi se va, pero desgraciadamente queda el berlusconismo. La herencia que deja «Il Cavaliere» es la de «un país destrozado», señala el escritor Claudio Magris, quien lamenta la pérdida de valores en el país. Que Italia se haya convertido en la «avanzada de lo peor»... porque «hemos visto de todo y al final nos hemos habituado».
«El hecho de que en una foto oficial el primer ministro ponga los cuernos —añade Magris— es, desde mi punto de vista, peor que organizar una orgía» («Il Cavaliere» hizo el gesto al ex ministro de Exteriores español Josep Piqué). Es la diplomacia de las meteduras de pata y de los insultos: besar la mano a Gadafi o insultar a la canciller alemana, Angela Merkel, llamándola «culona».
Felizmente, eso ya es pasado. Pero esta es también la hora de hacer balance de la herencia que deja tras 17 años en el poder. De un estilo de gobierno que, pese a sus estruendosas meteduras de pata, ha sido aplaudido por buena parte de la sociedad italiana y refrendado en las urnas. Un balance personal que resume la herencia colectiva que deja a su país.
La fortuna de Berlusconi es de 9.000 millones de dólares, según cálculos del semanario Forbes, que lo convierten en uno de los hombres más ricos del mundo. Su poder en Italia ha sido ilimitado. Controló más del 80% de la información, gracias a su red de medios escritos y al control directo o indirecto de cinco canales de televisión. Nunca aceptó las críticas de los medios informativos y se enfrentó con extrema dureza a periodistas y jueces, todos ellos tildados de «comunistas» si no comulgaban con sus ideas. Llegó a creerse un hijo de la Providencia, casi un dios. Así lo reflejaba en sus chistes y vid diaria. Famosa es la anécdota de su encuentro con el Papa Juan Pablo II, para presentarle su equipo de fútbol. Al beato Woytila le lanzó estas legendarias palabras: «Santidad, en el fondo también usted, como nosotros, a menudo juega fuera de su campo, para llevar por todo el mundo una idea ganadora como es la idea de Dios». El Papa esbozó una sonrisa de cortesía, ante un político notoriamente hipócrita en sus relaciones con la Iglesia.
Irresponsabilidad
A la hora del balance, los medios internacionales le juzgan como un personaje nefasto para su país y para Europa. «The Economist» le dedicó una portada con este título: «El hombre que jodió a todo un país». Y «Time» lo despide con este título de portada: «El hombre que está detrás de la economía más peligrosa del mundo». El reportaje explica cómo Berlusconi «ha puesto en peligro a la UE», con una política irresponsable.
Berlusconi será recordado por presentarse como «víctima» de la Justicia en casi una treintena de procesos, en los que ha sido acusado de fraude fiscal, falseamiento de cuentas, corrupción, intento de comprar a un juez, abuso de poder y corrupción de menores. Este fue el famoso caso de la joven marroquí Ruby «Robacorazones» que, cuando tenía 17 años, pasó varias noches en la residencia de Milán de «Il Cavaliere». Después, para que fuera puesta en libertad tras haber cometido un robo, Berlusconi llamó a la comisaría de la capital lombarda, contando la trola de que era «sobrina del ex presidente egipcio Mubarak». Para salir adelante en este caso, «el sultán» Berlusconi logro que 315 diputados firmaran en el Parlamento su versión de los hechos, que transformó a una prostituta marroquí en una noble egipcia sobrina de Mubarak.
A Berlusconi se le recordará siempre por su «bunga bunga», sus fiestas nocturnas y bacanales a las que invitaba jóvenes y prostitutas. El «bunga bunga» es la marca de la casa del berlusconismo, su tarjeta de visita en Italia y en el mundo.
«Caro Silvio, puedes estar tranquilo», le aseguró una vez en Bruselas el presidente del Consejo europeo Herman van Rompuy: «En las conclusiones de la cumbre no habrá ninguna referencia al bunga bunga».
Con esas dos palabras se han abierto en varias partes del mundo bares, discotecas y pizzerías, la más famosa en el barrio londinense de Battersea, frecuentada por lo más selecto de la sociedad británica. Decir «bunga bunga» es guardar para siempre en la memoria a sus amantes, como la diputada regional lombarda Nicole Minetti, sobre cuyos senos y piernas pasaba un crucifijo: escenas blasfemas que irritaron a la Iglesia hasta el punto de decir «basta».
«Es necesario purificar el aire», subrayó el presidente de los obispos italianos, cardenal Bagnasco. Berlusconi cayó así también en desgracia ante la Iglesia. Y así aceleró su final.









