Teatro

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Fred Hersch: «Desde que casi estuve muerto, toco con más libertad»

El día 16 estará en el teatro Fernán Gómez este supremo renovador del piano en el jazz

Día 08/11/2011 - 12.25h

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El XXVIII Festival de Jazz de Madrid puede presumir este año de ofrecer algo único, por su maravillosa rareza, y porque nunca antes se había visto en la capital de España. Es también un asombroso superviviente, alguien capaz de renacer de la locura, del coma y de la muerte solo para seguir tocando.

—En Nueva York conocí a varios cats que se quejaban de que en Estados Unidos el jazz está relegado a una especie de gueto musical, mientras se festeja en Europa. ¿Usted qué piensa?

—En los 60 y los 70 muchos músicos (Dexter Gordon, Johnny Griffin, Art Farmer, etc) emigraron a Europa para trabajar más y obtener mayor respeto. Algunos todavía lo hacen, pero creo que es porque la música que hacen conecta más con una audiencia europea. El jazz es definitivamente más respetado en este momento en EE.UU., aunque no necesariamente más lucrativo.

—¿Cree usted que su condición de homosexual se percibe distintamente en Europa o en Estados Unidos, que condiciona de otra manera la recepción de su música?

—Música es música. Cuando hablamos de música instrumental (no de un hombre cantándole canciones de amor a otro hombre…), no existe nada parecido a la música gay. Si existiera, tendríamos que incluir en ella a Händel, Ravel y Schubert. Mi pareja y yo estamos plenamente aceptados como pareja en el mundo del jazz de Nueva York.

—Desde que su orientación sexual se hizo pública y usted está en paz con eso, ¿puede su calvario clínico convertirse en el nuevo gran factor extramusical que condicione a su público?

—Es muy alto el coste de esconderse en algún tipo de armario. Para ser el músico creativo que quiero ser necesito saber quién soy, no preocuparme de quién más lo sabe y no pedir perdón por ello. «My Coma Dreams» fue para mí la manera de lidiar con una situación de vida o muerte de un modo artístico y único.

—Y tan único. Usted ha sobrevivido a una demencia asociada al sida, a dos meses en coma, a ocho meses siendo incapaz de tragar o de hablar, a la pérdida de las funciones motoras en ambas manos, es decir, a la incapacidad de sostener un lápiz... Que haya vuelto a tocar el piano, y como lo toca, es increíble. Pero, ¿es el mismo músico o la misma persona que antes?

—Cualquiera que atraviesa una experiencia tan cercana a la muerte y se asoma al otro lado y tiene que trabajar lo que para volver, tiene que haberse convertido en alguien diferente. Creo que ahora toco más suelto, quizás con más libertad y profundidad que antes. Pero es el oyente el que tiene que decidir.

—Gran parte de su ordalía tuvo lugar en 2008, año de la elección de Obama, que en su día significó mucho, en términos de esperanza, para muchos estadounidenses. Ahora se sienten desengañados. Me parece interesante que usted estuviera a las puertas de la muerte cuando su país exultaba, y ahora que el país se siente tan pesimista, usted y su música estén floreciendo.

—Yo tengo la esperanza de que Obama sea el líder que puede ser y venza la terrible carrera de Estados Unidos hacia la derecha y los bloqueos de esta legislatura. Vamos a ver.

—A usted se le reconoce como el Mesías al que siguieron y siguen Brad Mehldau y otros apóstoles de un nuevo jazz más auto-expresivo, personal e individualista. ¿Le preocupa que algún día el jazz se banalice?

—Brad fue mi alumno y ahora se ha convertido en una estrella. Creo que los dos hemos abierto nuevos horizontes para el piano en el jazz. Se hace hoy mucha música que yo admiro mucho pero de la que no saco una particular emoción. Parece jazz intelectual, pensado y tocado para otros músicos, no para el público.

—¿Cómo quiere que se le recuerde?

—Como una buena persona, un buen pianista y alguien que vivió una vida de servicio e integridad.

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