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Algún día se hará absoluta justicia poética y musical con el trabajo de este hombre durante medio siglo. Se la hacen, sin duda, los buenos aficionados a la canción popular, que tienen en Joaquín Díaz un faro que ilumina las calles, callejas y callejuelas de la tradición, en una obra inabarcable en la que no hay rincón de nuestro cancionero que no haya puesto a blanquear a luz del presente.
Sefarad es una llama ardiente de nuestro pasado y nuesta cultura
Palabras mágicas
No deja de ser hermoso que estas canciones que se cantaron y pasaron de generación en generación lejos de nuestra tierra reflejen y revelen, sin embargo, tanto de nosotros, de aquella España que palpita en nuestro subconsciente. Canciones que nos reconfortan el corazón cuando escuchamos en ellas palabras como Saldaña, Bernardo del Carpio, almenas de Toro, enamorare... con el telón de una música que incorpora los más antiguos y sabios latidos de nuestra cultura popular.
Sabiduría, hermosura, estos «Cantares» que recupera Joaquín Díaz son un tesoro que estamos obligados a preservar y cuidar. Para que las nuevas generaciones, si es que quieren, sepan de dónde vienen y de color y belleza es la sangre que corre por sus venas.




