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Electrosensibilidad: ¿alarma injustificada o problema real?

ABC.es consulta a dos expertos sobre los efectos de las ondas electromagnéticas en nuestro cuerpo y si suponen o no un verdadero peligro

Día 13/06/2012 - 08.06h
Electrosensibilidad: ¿alarma injustificada o problema real?
AFP

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Más de 250 colectivos pidieron el pasado mes de septiembre que los colegios españoles retiraran de las aulas sus instalaciones wifi por considerarlas perjudiciales para la salud de niños y profesores. Como no podía ser de otra forma, la petición volvió a encender el debate sobre si es realmente necesario realizar este tipo de advertencias y si organismos como los de dicha propuesta solo causan una alerta injustificada y sin evidencias. Lo que es cierto es que la discusión se antoja duradera y que ha dado lugar a un panorama fuertemente dividido entre aquellos que consideran que el problema es lo suficientemente serio como para generar alarma y quienes califican el debate de oportunista y sin fundamentos.

ABC.es ha consultado a dos expertos con opiniones dispares en este debate para mostrar cuáles son los puntos de conflicto que, a la vista de ambas entrevistas, parecen demasiados:

Francisco Vargas, médico epidemiológico y autor del Real Decreto 1066/2001 sobre campos electromagnéticos y salud pública, considera que «no hay motivos para preocuparse por las ondas electromagnéticas porque no se han demostrado efectos adversos para la salud». Vargas, también miembro del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), afirma que si revisamos los estudios publicados hasta la fecha «veremos cómo la mayoría aseguran que no hay riesgos para la salud condicionados a las cantidades de energía que emite, por ejemplo, una antena de telefonía». Para el experto, el problema no es tanto la ausencia de estudios como la «alarma» generada en torno a este tipo de ondas.

«No existe una laguna de estudios en este tema. El problema es que aquellos que defienden los efectos nocivos de las ondas electromagnéticas califican de "independiente" sólo aquellos estudios que avalan lo que ellos dicen mientras que todo lo que va en su contra se define como "comprado por la Industria"».

Joaquim Fernández Solá, médico del Hospital Clínic de Barcelona especializado en electrosensibilidad, considera incorrectas las declaraciones de Francisco Vargas. «Decir esto es una barbaridad, es ignorar trabajos científicos promovidos por la Unión Europea, como el Informe REFLEX, financiado por la UE y realizado por 12 grupos de investigación». El doctor indica, además, que «existe una correlación epidemiológica demostrada científicamente entre las ondas electromagnéticas y sus efectos en determinadas personas».

«Hay un gran componente psicosomático»

El debate, no obstante, está para Vargas «contaminado por el interés». El experto señala que «si sometemos a un grupo de personas sin ningún síntoma y a otro grupo de los que se llaman electrosensibles a una exposición controlada durante un periodo de tiempo, ninguno de los grupos podrá distinguir cuándo ha estado expuesto a las ondas».

Hace poco más de dos meses ABC.es visitó a varias personas afectadas por la sensibilidad a ondas electromagnéticas y pudo comprobar cómo sufrían en su propio cuerpo los efectos de una enfermedad que no se les diagnosticaba y cuyos síntomas se camuflaban con los de dolencias comunes.

En aquella ocasión, afectados como Yolanda Barbazán explicaron cómo el hecho de adquirir determinados hábitos - como por ejemplo dejar de utilizar el teléfono inalámbrico- había mejorado su vida. «Lo siento pero no me lo creo», asegura Francisco Vargas. «No discuto, para nada, que estas personas tengan estos síntomas, de hecho estoy seguro de que los tienen, pero sentir cuándo está encendido el wifi...no me lo puedo creer». Vargas señala además que organismos como la Agencia de Protección Ambiental en Reino Unido no han hallado evidencias suficientes que justifiquen la retirada de redes inalámbricas de las escuelas. «Si no consideramos independiente este tipo de instituciones...¿a quién creemos? Esto no me parece nada serio».

Para el experto del CCARS «existe un gran componente psicológico y psicosomático» en los que se dicen afectados por el síndrome de electrosensibilidad. «Hay enfermedades que entran más dentro del ámbito de lo psicosomático y que es difícil tratar. Pero no se les puede dar la razón y punto, hay que hacerles ver que hay muchas explicaciones para lo que les ocurre, lo que pasa es que están obsesionados y convencidos de que las ondas son negativas».

Joaquim Fernández Solá califica sin embargo de «barbaridad» este tipo de afirmaciones. «La electrosensibilidad es una enfermedad física producida por un agente externo. Hablar así es no querer ver la evidencia. El término psicosomático está completamente obsoleto en medicina y si esperan una explicación matemática a la electrosensibilidad que no hablen de medicina porque no es una ciencia exacta sino biológica».

La medicina no es una «ciencia exacta»

La ausencia demostración es sin duda una de las patas que cojea en el eterno debate. «La gente que alarma sobre esto está haciendo una profecía. Si yo digo que en 50 años aumentarán las tasas de cáncer es simplemente una afirmación de algo que yo imagino que pasará» y achaca las denuncias de determinados colectivos a «una manera de eternizar el debate porque interesa. La ciencia sólo puede decir los efectos perjudiciales que se producen hoy. Tanto la medicina como el método científico dicen que los estudios que tenemos están bien hechos, así como la legislación española en este sentido, que recoge perfectamente el principio de precaución».

Sin embargo, Fernández Solá se mantiene firme en su opinión de que «en medicina científica se trabaja con la evidencia, un término que no es absoluto sino progresivo. Los primeros debates en este sentido comenzaron hace ya diez años y hemos empezado a ver comprobaciones de varios estudios experimentales en los que sí se ven los efectos nocivos de las ondas electromagnéticas sobre células». Además, añade que nos encontramos «en los prolegómenos de todo esto, pero no podemos esperar. No se trata de alertar sino de ser sensibles a un factor de riesgo porque somos médicos».

Vargas hace también hincapié en entre los «detractores de las ondas electromagnéticas» hay un sector «que únicamente busca lucrarse». «Te dicen que estamos contaminados, te mandan comprar cosas que no necesitan y se llevan el dinerito. Todo esto tiene muchísimos intereses económicos. Me recuerda a la famosa pulserita "Power Balance", que todo el mundo compró y resultó ser un timo».

Al doctor Fenández Solá le resulta «inadecuado» hablar de dos bandos empeñados en demostrar o no la incidencia en la salud de las ondas electromagnéticas. «No buscamos nada, solo mejorar la salud de los afectados». «Hay estudios de todo tipo, informes que dicen que las ondas son dañinas e informes que lo niegan, pero lo que está claro es que no podemos tardar cincuenta años en tratar algo de lo que tenemos indicios suficientes». Y además, añade: «Esto no es la epidemia del siglo XXI pero necesita un control. Yo no estoy en ningún bando, ni entre los que se manifiestan contra las antenas ni en otro. Somos profesionales de un área que opinamos sobre una realidad». Y termina preguntándose, «¿a qué quieren que esperemos? Podemos esperar, pero habrá pacientes en que la enfermedad será irreversible».

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