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El líder del Polisario teme que el secuestro merme la ayuda a los refugiados saharauis
España actuará en el secuestro de los dos cooperantes ocurrido el sábado en los campamentos de refugiados saharauis, al sur de Argelia, siguiendo el modelo que ya aplicó cuando dos años antes fueron capturados tres catalanes en el norte de Mauritania. Y así lo dejó claro ayer la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, que hoy viaja a Rabat, al reclamar «mucha discreción y mucha prudencia» para no arriesgar sus vidas.
El Ministerio ha llegado incluso a pedir a los compañeros de Ainhona Fernández y Enric Gonyalons, los dos secuestrados, que no hagan declaraciones que puedan entorpecer los trabajos que se están efectuando. El comunicado de la familia de Gonyalos enviado a la agencia Efe lo deja claro. «Es esencial mantener la discreción» y pedimos «comprensión a los medios de comunicación». Ayer seguía sin ser reivindicado el secuestro aunque las sospechas seguían centrándose en Al Qaida.
Fernández y Gonyalons trabajaban desde hacía meses en proyectos con los refugiados saharauis. El líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, teme que el secuestro pueda suponer un mazazo a la solidaridad con los campamentos en los que viven varias decenas de miles de personas desde hace más de tres décadas. Así lo ha hecho saber en una carta enviada al secretario general de la ONU, Ban ki Moon. Pedimos «ayuda y apoyo al pueblo del Sahara Occidental y al Frente Polisario para hacer frente a este vil acto terrorista», según la agencia Sahara Press Service (SPS).
«No cejaremos en nuestro trabajo político y humanitario», dijo en España la Federación Estatal de Asociaciones Solidarias con el Pueblo Saharaui en una nota. Las muestras de condena se multiplican en otras plataformas y hasta en ONG del Sahara ocupado por Marruecos.
El de Albert Vilalta, Roque Pascual y Alicia Gámez a finales de 2009 fue el primer secuestro de Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI) al que tuvo que hacer frente el Gobierno español. En pocos días, nada más saberse por un comunicado de los terroristas que los tres estaban en manos de la franquicia de Bin Laden, las autoridades españolas diseñaron un plan que distó mucho de la gestión de la anterior crisis durante la captura del barco vizcaíno «Alakrana» por piratas somalíes.
Tras el secuestro de los catalanes, se diseñó una célula integrada, entre otros, por miembros de la inteligencia española desplegados en territorio africano y en España. Mientras, las tres familias recibían información directa y con frecuencia de cómo iban las negociaciones. Ellos pagaron con paciencia y discreción a pesar de que los meses convirtieron el secuestrode los suyos en récord. Obedientes, no hicieron en ningún momento declaraciones públicas que pudieran entorpecer las gestiones que se estaban llevando a cabo.
Este modelo de gestión de secuestros es similar al francés -que cuenta incluso con mucha menos presencia de noticias en los medios de comunicación-, que también tiene a algunos de sus nacionales en manos de AQMI, pero muy diferente del de estadounidenses y norteamericanos, que en ningún momento acceden a negociar ni bajo amenazas de muerte para los secuestrados.









