Madrid

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Un «cinco estrellas» de inmundicia

Suciedad, peligro de incendio, riesgo de cortocircuito, descontrol y basura, señas de «calidad» del local «okupa»

Día 24/10/2011

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«Esto no es la cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Dentro está Robin Hood». Así reza el cartel de bienvenida de la puerta del otrora Hotel Madrid. Flanqueada por varios individuos que dicen ser «personal de seguridad», quien las traspase buscando a los personajes literarios, no encontrará ni a Alí Babá ni a Robin Hood, si no una realidad muy distinta. La de la suciedad, la del peligro y la de la cultura del «todo vale».

Subiendo de frente, sus escaleras invitan más a huir que a entrar. Forradas de una moqueta roja, pasto de los ácaros y del paso del tiempo, por ellas suben y bajan durante todo el día curiosos, adeptos a la «cultura okupa», niños descalzos y hasta perros —estos últimos, sin correa y sin dueño aparente—.

De las cinco plantas que tiene el edificio, sólo la primera concentra algo de «vida». Aunque no hay agua corriente, los baños se usan indiscriminadamente por propios y ajenos. Lo que si hay es electricidad pero nadie sabe de dónde viene. Esto les permite conectar los ordenadores desde los que organizan buena parte de sus actividades y calentarse con un calefactor. Lo hacen donde antes se repartían las llaves de las casi ochenta habitaciones del hotel. Allí cuatro improvisados «recepcionistas» informan de las cosas que hacen falta, a saber: «material de papelería, comida, papel higiénico y tabaco».

Y es que en este edificio está «permitido» fumar. Cigarro en mano, los okupas llenan de humo y de colillas todas las estancias, mezclándose el olor a tabaco y a comida con el hedor de la humedad de las goteras de los techos. Por ellos, filtraciones de agua y corriente eléctrica circulan sin que a nadie parezca importarle.

Enfermería y cafetería

Por tener, tienen hasta enfermería y un «servicio de cafetería» en el que lo único que se puede consumir –previa invitación de sus actuales ocupantes– es agua de un botijo o un café del tiempo en un vaso prestado. El servicio de lavavajillas se realiza en los baños, enjuagando la vajilla en barreños de agua sucia con algo de jabón.

Por las noches el hotel cierra sus puertas a las visitas. Ahora se están planteando cerrar el edificio por completo hasta estar mejor organizados pues han asegurado que están en una «grave» situación porque, paradójicamente están siendo «saqueados y desvalijados».

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