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Más de lo mismo. Otro calvario en vivo y directo... ¿Para ¿qué?, ¿van a hablar? Eso es lo que se pregunta la familia de Marta del Castillo que ayer estuvo en la Audiencia Provincial pendiente del juicio. A las ocho y media de la mañana el primero en llegar fue el abuelo, José Antonio Casanueva, que a sus 75 años desde enero de 2009 no está precisamente viviendo el júbilo de su vejez.
Operado y restablecido de la dolencia de la pierna que durante el juicio del «Cuco» le obligó a llevar muletas, impecable, con un traje de chaqueta azul y la chapa con la foto de Marta en la solapa, el hombre se confesaba con más entereza que nunca. Seguirá llevando en el coche el pico y la pala para excavar en pos del cuerpo de su nieta y en breve entrará en el «casco urbano de Camas, una vez rastreada la ribera».
Casanueva aseguró que la familia seguirá «luchando», si bien tiene sus «dudas» sobre el resultado del proceso judicial tras el primer juicio afrontado por el menor «El Cuco», donde «el juez no tuvo en cuenta la información aportada por la Policía».
«Queremos saber dónde está el cuerpo y nos cabe dudas de que lo digan ahora. Hasta hemos propuesto que, si lo dicen, le pediríamos a la Fiscalía una rebaja de la pena, pero tenemos la callada por respuesta». A quien iba dirigida la pregunta llegó pocos minutos después en un furgón procedente de la cárcel de Morón. A Carcaño no se le vio el pelo, como a los demás presos que le antecedieron, y que se bajaron del coche a cara descubierta. Lo metieron dentro del vehículo hasta el interior del edificio. Los otros imputados llegaron a pie. Samuel, repitiendo modelito de jersey; y el hermanastro de Carcaño, Francisco Javier, con medio rostro tapado, sin gorra y la novia de la mano.
En la calle, la animación era completa. Había más espacio. Las vallas delimitando el perímetro y la estancia de las cámaras evitó las carreritas habituales, los traspiés y la algarabía que más enardece al personal.
Junto a los ciudadanos anónimos que no escatimaban calificativos para los imputados y la Justicia, —«¿qué son presuntos? No me haga reír que hay que ver el dinero que se están gastando y las lágrimas que estamos echando todos, porque todos tenemos hijos»— estaba la Plataforma de apoyo a Marta del Castillo con su pancarta pidiendo «¡Justicia! ¿Para qué?. Leyes deficientes. Justicia Inexistente», que se juntó con la de Custodia Compartida para animar al juez Serrano — ¿PSOE, indecente, divide a la gente!», coreaban— y varios padres y madres que han perdido a sus hijos y no se ven arropados por la ley. Desde Jerez de la Frontera llegó Francisco Holgado, el «Padre Coraje» que aún no ha visto detenido al asesino de su hijo Juan en una gasolinera, hace ya 16 años.
Entre tanto ajetreo de periodistas, policías y gritos clamando justicia, la atención se centraba en los protagonistas. Eva y Antonio, los padres, sólo quieren saber dónde está, pasar el duelo. «Tengo fuerza, pero esperanza poca», balbucía la madre ante la avalancha de cámaras, micrófonos y brazos que la arropaban.





